Milagros Aguirre

El festín

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11 de October de 2012 00:03

Bestial. Nada mejor que el dinerito del petróleo. Un festín verdadero. El anterior festín de los setenta se queda corto.

Ahora, la cosa es a todo trapo, porque hemos perdido la noción del dinero. Hay tanto, pero tanto, tanto, que parecen llover los billetes a cántaros como las mismísimas tormentas tropicales.

El mejoramiento educativo por estas zonas selváticas se traduce en carteles enormes con montos de inversión faraónicos, (de entre 300 mil y millón y más de dólares, ninguna de menos), para hacer aulas de escuela en lugares donde hay poquitos niños y no hay profesores que quieran ir tan lejos. Y si los hay, por acá los alumnos escriben voy con b y música con c. Pero bueno. Eso es otra cosa. Obra es obra. Aunque cueste lo que cueste y aunque no estén contemplados en esos montos ni partidas ni mantenimiento ni funcionamiento… ni alcantarillas…

Con tantas obras para mejoramiento educativo seguro que empiezan a salir genios a borbotones, capaces de ir a la universidad con honores.

Podrán estudiar todos filosofía, y llenar las aulas vacías que quedaron en la Central, en Quito, con todo pagado. Ojalá. Si así llueve, que no escampe. Porque si escampa la lluvia de miles de dólares, fregados todos. Como en España o las Europas.

Si escampa, las enormes inversiones quedarán como elefantes blancos. Y las cabezas, huecas. Porque a la vez que se anuncia la construcción de las megaobras educativas en las zonas rurales de la vía Auca, se han reducido las horas de clase, se han aumentado las posibilidades de pasar los años con bajas calificaciones y se han quitado profesores en los colegios más populosos de la ciudad.

A la vez, han desaparecido colegios y a los estudiantes se les ha dicho que se matriculen en otro y listo. No les han dejado ni copias de las notas, siquiera. Y ni hablar de las universidades… se cerraron las chimbas y a los alumnos les mandaron a estudiar en otras provincias, pero da igual.

O llueve plata o la vida está cara… Un hospital nuevo ha costado como siete millones, pero solo aumenta, según se dice, en 10 camas la capacidad de atención que el anterior, que tiene 30.

Igual se muere la gente, o porque no hay especialistas o porque los médicos trabajan 22-8 o porque no hay equipos o porque no hay partidas. La cosa es que siempre falta algo.

Bien por las obras. Quienes insisten en la preservación de derechos de la naturaleza tendrán que venir a quitar los letreros inmensos porque para hacer escuelitas tan costosas tendrán que botarse algunos árboles. Y claro, porque todas esas obras vienen del festín petrolero, atatay, dirán.

Sea como sea, la gente está feliz por las obras, sin importar que cuesten tantísimo o si serán sostenibles y sustentables.

La cosa es que se hagan. Mejor que no escampe.