Alexandra Kennedy-Troya

Falsas expectativas

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13 de December de 2012 00:02

No cabe la menor duda de que todos debemos ejercer la no discriminación al otro. Esta actitud debe nacer de cambios profundos de ética a nivel social e individual, amparados no solo en el deseo, sino en la misma ley.

Efectivamente, este Gobierno ha situado dicha problemática en lugar prioritario; la nueva Constitución de la República garantiza el goce de derechos en particular en educación, salud, alimentación, seguridad social y agua (art.3). Complementariamente, la Ley de Educación Superior insiste en varios artículos en una educación de calidad, igualdad de oportunidades e incluyente, sin discriminación de género, credo, discapacidad, entre otros (arts.5 y 71).

Las universidades están obligadas, por ende, a facilitar el cumplimiento de dichos mandatos; crear políticas y practicas de acción afirmativa en torno al ingreso de docentes, personal administrativo y estudiantes; su nivelación, permanencia, promoción, acceso a los servicios, espacio físico y más. Sin embargo, creo que el enunciamiento no basta para establecer dichas prácticas. Hay consideraciones a tomar en cuenta, consideraciones que requieren de capacitación y reflexiones profundas de todos los integrantes de la comunidad universitaria, que demandan de tiempo y erogaciones de dinero sustanciosas. Es indispensable dejar la politiquería a un lado y establecer con claridad, por ejemplo, que cierto tipo de discapacidades impiden ejercer cierto tipo de funciones o carreras. Difícilmente un invidente puede convertirse en cirujano.

Creo que la universidad debe guiar por igual la selección de una carrera de acuerdo con sus aptitudes y capacidades. No creo que le toca entrenar a los mismos a leer en braille o lectura de labios, estas deben ser tareas de escuelas y colegios.

No veo cómo un docente universitario sin entrenamiento puede considerar el tipo de abstracción que realiza un sordomudo, distinta al que no lo es, y adaptar su clase en términos de contenidos, lecturas, evaluaciones, en detrimento del resto de la clase. ¿Qué si en una misma aula existen algunos estudiantes con discapacidades distintas? Ya es bastante el esfuerzo que realizamos los educadores en las universidades públicas para intentar nivelar en clase alumnos que vienen de situaciones disímiles, del campo o la ciudad, de hogares de poco conocimiento sobre la realidad social o cultural, baja autoestima, y así sucesivamente.

Se han creado falsas expectativas. Lo punitivo de por medio; cualesquiera que se sienta discriminado puede recurrir a la Defensoría del Pueblo con el fin de solicitar la sanción a la institución. Señores, primero a trabajar en los procesos y cambios y una vez establecidas y sentadas las bases, solo allí podremos ser efectivos y no demagógicos en el ejercicio de la no discriminación.