Juan Esteban Guarderas

¿Yo para qué estudio?

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Efectivamente, María Fernanda Espinosa fue designada Presidenta de la Asamblea General de la ONU; y claro, se vuelve inevitable cuestionar las destrezas que uno desarrolla. Pero, ¿por qué la pregunta, si en Ecuador estamos acostumbrados a que la responsabilidad de los cargos no encaje con el perfil de los designados?

Pienso en Gabriela Rivadeneira. Correa hablaba repetidamente de la excelencia, y a la Asamblea llegó el siguiente perfil: una persona que solo tenía título de bachiller y que no sería capaz de consagrar el 100% de su tiempo a tan importante cargo, lo dividiría para poder obtener su título universitario. Pienso también en el Ministerio de Salud. Está bien que jóvenes participen en el gobierno, incluso en sus más altas instancias. Pero hay puestos cuya naturaleza exige experiencia.

Con apenas 34 años, Verónica Espinosa acumula una cantidad formidable de peticiones de renuncia de los gremios y profesionales vinculados a la salud (en línea con los descalabros en un ámbito de extrema delicadeza); pero aun así sigue en su puesto.

Siempre me parecieron sorprendentes los procesos de selección tras los cuales la ex jueza Collantes demostró que no había mejor perfil. Y, por supuesto está el nuevo cuerpo diplomático correísta. Otrora el Ecuador contaba con una excelente Academia Diplomática, desmantelada en el régimen anterior, cuyo último estacazo lo clavó – otro perfil que no encajaba con sus competencias – Ricardo Patiño. Nombres y nombres de personas que no dan la talla. El Ecuador tiene suficientes profesionales sobresalientes (pero ocurre que los individuos de envergadura no se acomodan, preservan su dignidad, no se avienen a traficar con inmorarles, ni a mendigar puestos).

Pero el correato optó por otro tipo de excelencia, aquella que consiste en quién con mayor destreza se despojaba de cualquier ética y se cegaba ante las irregularidades. Oportunismo político por encima de formación técnica, alabanzas fanáticas por encima de cánones de profesionalidad y patriotismo, ambición por encima verdadera excelencia; sobre esos individuos se construyó el mastodonte estatal. “Fair enough”, como diría un americano, yo sabía que esas eran las normas de Correa y su gobierno. Muy propio de la Banana Republic que él siempre ansió superar.

Pero con Espinosa, el balde de agua fue más frío y me dio mayores escalofríos.

¿En el ámbito internacional también? ¡Qué horror! ¿Ese es el color de nuestro tiempo? ¿Conseguir asensos por cabildeo y no por desempeño? ¿Ambición que supera a cualquier tecnicidad?

Puede ser. Puede ser que ese sea el precio. No me importa. Preservemos nuestras almas y forjemos una nueva generación dispuesta a actuar en función de lo consecuente y lo correcto.

jguarderas@elcomercio.org