Marcelo Ortiz

EE.UU., imán para inmigrantes

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La movilización humana en varias zonas del mundo no ha cesado nunca. Todavía hay constantes flujos de inmigrantes desde los países en conflicto armado como Siria en el Medio Oriente. Otro factor para el desplazamiento constituye, el que a pesar del inmenso territorio de la India, tiene un desmesurado exceso de población, en relación a las fuentes de trabajo, y lo mismo sucede con la China continental, su vecina limítrofe. Esas áreas, de países lejanos a nuestro continente americano, tienen aquel desahogo que intentaría solucionar las tasas de nacimiento evidentemente altas. También en nuestro continente hay esa incentivación de inmigrantes en la categoría de clandestinos, porque es imposible que exista prohibición al respecto, por estar amparados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 10 de diciembre de 1948; por la cual ningún país del mundo ha intentado emitir leyes regulatorias.

Estados Unidos de Norteamérica es el destino más codiciado, no solamente para personas de países americanos, sino para los del lejano oriente incluida la China, que al 2011 alcanzó la cifra de 280.000 inmigrantes; seguido de la India con 240.000 y Corea del Sur, que a pesar de su buen nivel de prosperidad, desplazó a 230.000, y, hasta del reconstruido Vietnam con 170.000, después de que soportó la invasión armada de los Estados Unidos en 1972, totalizando una cifra alta de 920.000 personas. Estos números confirman que es un país con gran crecimiento de sus fuerzas productivas que mantienen niveles de prosperidad.

Al situar estas cifras, hay que preguntarse de qué países provienen aquellos millares de inmigrantes; y, de inmediato aparecen las estadísticas que sitúan a México con 6`800.000 el país que desplazó al 2011 ese 60.18%. También salieron de otros países centroamericanos como El Salvador, Guatemala y Honduras que forman una alta cifra de 1`560.000. Esa corriente migratoria no se origina solamente en necesidades de mejores salarios, sino en vivir en ciudades con infraestructuras urbanas con modernos servicios. Por esos incentivos, a una mejor calidad de vida, también hay ecuatorianos en el número de 210.000, cifra probatoria de que nuestro país despilfarró el dinero de los siete últimos años de inmensos recursos sin ninguna posibilidad de retornar a esos altos niveles, y que no absorbieron siquiera una parte de esos millares que buscaron fuentes de trabajo en los Estados Unidos.

A este análisis hay que agregar corrientes de personas de Venezuela que han llegado a vivir en nuestro medio, y también de desplazados cubanos.

He ahí una prueba más, de que los Estados Unidos han tenido un desarrollo espectacular ante el mundo, apoyado en inmigrantes.