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3 de December de 2011 00:06

Casi todos los días, en el parque de El Ejido, se presenta el actor y humorista Carlos Michelena y entretiene a su público haciendo el papel de espejo que refleja, con algunas deformaciones, la imagen de la sociedad y la del poder. Son esas deformaciones las que provocan hilaridad pero a condición de que no sean exageradas, que el original se mantenga reconocible.

Algo parecido han hecho en Washington los periodistas que demandaron al Estado ecuatoriano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Los periodistas exhibieron, ante los comisionados y los representantes del Gobierno ecuatoriano, un video en el cual, el Presidente de la República asegura que es jefe de todas las funciones, no solo de la Ejecutiva, sino de la Legislativa, Judicial, Electoral y, de la Procuraduría y Contraloría; en el mismo video se ve al Presidente Correa emitir insultos y calificativos despectivos en contra de los medios y los periodistas. En ese video está retratado el poder, el gobierno contempló su imagen reflejada en ese espejo y, al parecer, no le gustó lo que vio.

Desde entonces, no han cesado los ataques a periodistas que fueron a la CIDH; los medios públicos han emprendido una campaña en su contra; en cadenas oficiales se los acusa y denigra. Se les ha negado el derecho a la réplica argumentando que las cadenas no son para debates sino para decir la posición del Gobierno, es decir, la verdad oficial.

Mostrarle al Gobierno la imagen que proyecta es una de las funciones que cumple la prensa y los gobiernos democráticos valoran esa labor, aunque no siempre resulte agradable. Los periodistas, seguramente, buscaban llamar la atención internacional y encontraron un buen camino; para eso existe la CIDH, para que los ciudadanos demanden el cumplimiento de los acuerdos internacionales.

Era una oportunidad para que el Gobierno revise su conducta y para que los periodistas ensayen la necesaria disciplina de la autocrítica, pero hasta ahora no ha cambiado nada. El Gobierno ha reaccionado negativamente; descalifica a los periodistas que acudieron a Washington y a los comisionados designados por la OEA para vigilar el respeto a los derechos humanos en el continente. Estamos acostumbrados a la hostilidad en contra de la prensa pero sorprende la vehemencia con la que ahora se tacha a los funcionarios de la CIDH como parcializados, dependientes económicamente y hostiles con los gobiernos de izquierda. Se ha llegado a plantear la eliminación de la Comisión Interamericana para reemplazarla por otra.

La estrategia del Gobierno confirma las denuncias de los periodistas, pues la fórmula de descalificar y amenazar se ha replicado en contra de los miembros de la Comisión Interamericana.