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10 de February de 2012 00:01

Espadas van y espadas vienen. Las acusaciones y desacuerdos vuelan. Entrevistas y desmentidos. Parece guerra, aunque a veces, dudo si siquiera hay revolución, aunque sí cambios, unos buenos, otros re malos. Espadas que causan gran conmoción en épocas ya convulsionadas por noticias que desalientan si dejamos todo de lado y solo nos referimos a libertades.

Que si se las entregó a cambio de un puesto, que si de esto estaba enterado todo el grupo y estaban de acuerdo. Esto último, respecto a un grupo que tuvo su momento y que sea cual fuere el motivo, revolución o no, jamás debió haber robado nada. Pensemos en como se degrada el destello de espada contra espada cuando estas fueron usadas para defender principios e ideologías, que causaron un giro histórico.

Hay revoluciones de revoluciones, no siempre hacia cambios positivos y menos aún, si se comparan con una revolución, la liberal, que sí fue afirmativa en su propósito de unión, igualdad y sobre todo libertad, de donde justamente nace la palabra liberalismo.

De la libertad al libertinaje hay solo un paso; un pequeño espacio en el que se distorsionan las verdades, se tuercen las intenciones y se marcan las diferencias. Pobre General Alfaro tan vilmente utilizado, su estatua, pronto nos dirán, que hasta físicamente se parece a un líder actual y afirmará que es por parentesco. Un evento, que acabó con su vida, tristemente tomado a la ligera, como si de dibujos animados se tratara para infantes sin razón y memoria. Un insulto a un pueblo que ahora más que nunca duda de sus libertades que poco a poco se acortan porque alguien está coleccionando poder.

Alfaro brindó al Ecuador una época, de la cual, los conservadores ni el clero podían aprobar. Pero, lo importante, lo que debemos contar como nuestra ganancia desde entonces, es que durante su segunda presidencia completó el Ferrocarril Transandino, un esfuerzo para unir al país, conectando Quito y Guayaquil, las dos grandes ciudades. No separó al país, lo convirtió en uno más fuerte, reafirmando que todos, tengamos o no la misma filosofía y prácticas políticas o religiosas, género o edad buscamos el desarrollo y el buen vivir. También, y entre los primeros del continente Suramericano, legalizó el matrimonio civil y permitió el divorcio, grandes cambios en una sociedad conservadora.

Sobre todo y ante todo, logró legalmente la libertad de expresión que, hoy entre destellos de espadas y otros entretenimientos, acaparando los poderes y publicando leyes, está desapareciendo. No dejemos que la gran tradición liberal, de la que se desprendieron otras épocas de bonanza política para el Ecuador, sea utilizada y vilipendiada por una revolución cuyo final aún no demuestra qué efectos tendrá históricamente.