Santiago Estrella

Lo que no entendemos ni entenderemos...

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Las recientes agresiones, tanto al concejal de Quito, Antonio Ricaurte, como a la asambleísta Lourdes Tibán, solo dan señales de que algo anda mal en el país. No es algo reciente: es de mucho tiempo atrás. Quizá sea algo constitutivo a los ecuatorianos esta escasa cultura e historia democrática. Este país, cuando en las movilizaciones que derrocaron a presidentes, pedía a gritos que los militares quitaran del poder a los civiles, y tomaran las riendas (porque así fue; que no se diga que no) de una vez por todas para terminar con el despilfarro y la descomposición política que se vivía.

Lo curioso, sin embargo, es la vara con la que se mide cada acto violento. Pareciera -insisto: pareciera- que lo que se cometió en contra de Ricaurte no es reprochable. Al fin de cuentas, fue un tipo malo, machista, que ofendió, como de hecho lo fue, en principio a una mujer y, por extensión, a todas.

Distinto parece el juicio sobre lo que le pasó a Tibán. Es una indígena que saca de quicio al Gobierno y sus defensores. Y se reprochó el ataque unánimemente (aunque sus pares de la Asamblea, de Alianza País, dicen que sus demandas son infundadas). Pero Tibán también tiene sus oscuros: aunque posee sentido del humor, a veces puede ser verbalmente ofensiva, como también lo puede ser el Presidente, a quien no lo caracterice el sentido del humor que intenta ensayar.

Hacia los periodistas -y entre ellos, también- hay violencia. Pero pareciera que para unos es justificado, pero para otros no. Y ese es el gran problema de los ecuatorianos: no se está a favor de un principio, sino que este es discriminado. Por ejemplo: una dictadura es una dictadura, sea de la tendencia ideológica que fuese. Una democracia es una democracia. Cualquier que fuese el signo político, es democracia. Y si a ese Gobierno lo votó la mayoría, hay que saber vivir con él, siempre y cuando sepa respetar el derecho de todos los ciudadanos, y sobre todo de las minorías, incluso para que sea un gobierno con más legitimidad. Pero eso es algo que el Ecuador no entiende... Y así nos va...