Marcelo Ortiz

Emerge el pueblo indígena

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No se trata de que recientemente el pueblo indígena ocupa el primer plano de presencia en el escenario político, sino de que sus dos organizaciones, al situarse en el lado crítico al gobierno absoluto correísta, como autoriza nuestra Constitución política, demuestran su poderío: la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador-Conaie, y la Ecuarunari en acepción quichua.El liderazgo lo ejercen Jorge Herrera y Carlos Pérez, respectivamente. Al demostrar amplio respaldo popular, han sido despreciadas y hasta vejadas policialmente, el 13 de agosto en Quito, después de recorrer varias provincias.

El planteamiento central, que exhiben democráticamente, es aquel que postula el 82% del pueblo ecuatoriano, el “archivo de las enmiendas” en cuyo texto, de 16 elementos, consta, entre otros asuntos, la reelección indefinida del Presidente, que es una propuesta violatoria del texto claro del Art. 144, inc. 2º de la Constitución: “La Presidenta o Presidente de la República permanecerá cuatro años en sus funciones y podrá ser reelecto por una sola vez”, requisito que ya cumplió hace algunos años el correísmo, y cuya vía para que sea aplicable en pleno derecho no es de “enmendar”, sino hacerlo a través de una expresa convocatoria a consulta popular, como así lo plantean esas dos grandes organizaciones indígenas.

Por su parte, Carlos Pérez, cuyo origen étnico indígena dice ser “quichua-cañari” afirma: “No queremos botarle a Correa, él ya está caído. Lo que hay es que desmontar leyes oprobiosas como la de Comunicación, el Código Orgánico Integral Penal y las de Aguas y Minería”. Dicho máximo dirigente es Doctor en Jurisprudencia con maestría en Derecho Penal y Criminología. Tiene el nivel académico suficiente para exhibir sus ideas políticas frente al absolutismo.

Igualmente, el campo prestigioso que por tres décadas tiene la Conaie, lo ha logrado a través de su dirigente Jorge Herrera Morocho, quien tiene el respaldo de todas las comunidades indígenas organizadas en provincias. Por eso, su lucha que comenzó en la provincia de Cotopaxi, continúa con propuestas concretas contra la exclusión, el racismo ancestral y la concentración de la tierra agrícola.
Este dirigente nunca se ha presentado para ocupar un cargo de elección popular, aunque a sus 43 años siempre estuvo apoyado en las bases indígenas.

Tal vez espera ser candidato a algo en el campo político, cuando se convoquen las elecciones del 2017, año clave para que concluya el largo espacio que ha tenido el correísmo con sus discursos violentos, de confrontación y desafío, en especial en los monólogos sabatinos, que al 2017, exhibirán un mayor desgaste, después de casi 11 años, período suficiente para llegar a un necesario y anhelado tiempo final, por haber cumplido un ciclo equivalente a los tres clásicos de 4 años de nuestra vida política. Por lo analizado, el movimiento indígena le impedirá la perpetuación en la Presidencia.