Rodrigo Fierro

Ecuador, país vulnerable

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Los más de quienes votaron por el sí a mi juicio lo hicieron ardidos, exasperados, por tanto latrocinio. No tuvieron reparo, los ladrones, en dejarle al país en soletas. Nuestro Ecuador vulnerable por donde se lo mire.

Uno de los flancos más vulnerables, el de la salud. La gestión pública en salud, un desastre. Nunca llegamos al convencimiento que prevenir las enfermedades debía constituirse en una política de Estado, la atención primaria de salud una prioridad. En materia de seguridad social llegamos al colmo: las políticas de desarrollo institucional dejaron de responder a estudios actuariales que sustentaran su financiamiento. Desastres anunciados lo que vivimos. Subdesarrollados en todos los campos, menos en el de las fechorías.

Uno de los programas estrellas del gobierno de Correa fue el de combatir la malnutrición infantil que en términos de media llegaba al 25 por ciento. Luego de no haber escatimado recursos, cuantiosos, en 10 años aquel porcentaje se redujo en un digito. La impunidad, una de las claves que explican nuestro subdesarrollo: quienes dirigieron tal programa no han sido llamados a responder por sus actos.

En el mundo civilizado nadie discute que la Atención Primaria de Salud es la piedra angular que sostiene los sistemas de salud, es decir a los sueños realizados, cuando de prevenir y curar la enfermedades ha sido el empeño, siempre ponderando el costo-beneficio. Prevenir las enfermedades le significa a un Estado responsable apenas el 15 por ciento de lo que puede invertirse en salud. Desde cuando en el gobierno de Roldós, hace casi 50 años, se dieron los pasos iniciales que nos conducirían a contar con un Sistema Nacional de Salud, ahí nos quedamos. Tanto en el Ministerio de Salud como en el IESS, cada uno por su cuenta, el énfasis se ha puesto en la construcción de hospitales enormes, de funcionamiento complejo y costosísimo. Como los colmos entre nosotros se suceden y nadie es llamado a rendir cuentas, el IESS al borde del colapso, su ex director R. Espinoza, todo orondo daba a conocer que estaba por entrar en funcionamiento “el hospital más grande de Quito”. Quienes permitieron tal barbaridad no se habían percatado que en los países desarrollados ya no se construyen hospitales de más de 200 camas. Para colmo, en el informe de Espinoza, el número de enfermeras era mucho menor que el de los médicos, absurdo propio del subdesarrollo.

Tal como estamos, en todos los frentes, un país vulnerable el nuestro. Como se me ha dado por perder el sueño me asaltan ideas descabelladas. ¿Qué tal si al presidente Moreno se le ocurre llamar a consultas y referendos cada vez que ante problemones considere necesario el apoyo popular para tomar una decisión? Se corre el riesgo que el pueblo termine por decir no a todo. Se impone una nueva Constitución.

rfierro@elcomercio.org