Abelardo Pachano

¿Adónde vamos?

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En esas palabras se resumen los temores ciudadanos sobre el complejo panorama nacional. Y el cuestionamiento responde no solo al ámbito económico, cuyas complejidades son evidentes, sino además al campo de la organización política, tan venida a menos, que ya es una vetustez a pesar de los pocos años de su implantación.

En los dos planos se necesita acordar el camino por el cual debe transitar el país. Es indispensable rescatar las bases y principios de la democracia, reconstruir, o construir, los canales de concertación, tan indispensables para tener un ‘Plan’, que no pertenezca a ningún grupo político, sino sea el reflejo de un anhelo soportado por la mayoría. Y ese ‘Plan’, sustentado en el respeto a los derechos humanos, políticos, sociales, económicos, debe contener las bases de una gestión económica robusta, pero simultáneamente sana, equilibrada y predecible, que ofrezca soluciones a la pobreza e inequidad.

Si no sabemos lo que queremos, difícilmente llegaremos a una meta. Siempre será esquiva. Nunca ofrecerá satisfacciones, porque nadie sabrá lo que debe hacer o apoyar. Seguirá siendo un camino que se hace con improvisación y, por lo tanto, cargado de errores.

Están a la vista los resultados de 10 años de gestión ininterrumpida, la más larga de la historia desde la independencia y, sin duda alguna, la que mayores recursos tuvo disponibles.

Ya es hora de dejar de lado conveniencias del momento y pensar, con perspectiva, el mundo que deberán enfrentar quienes vienen luego de nosotros.

El país avanzó en algunos campos. No es el mismo de inicio de siglo y, peor, de aquel que tuvo en el petróleo su plataforma de explosión. Acarrea viejos vicios, políticos unos, de concepción económica otros, que le llevan a despreciar las reglas democráticas, así como desperdiciar oportunidades únicas, difícilmente repetibles.

Los países vecinos, cada vez mas numerosos, se dieron cuenta que no sacaban nada retando a los pilares de una sociedad moderna, asentada en la vigencia de la ley, el respeto a los derechos y la certidumbre económica. Siempre cosecharon desdicha y frustración. Finalmente, entendieron que crecimiento, equidad y estabilidad son tres elementos que pueden jugar en una cancha equilibrada y, más que nada, una que ofrece esperanza.

Es tiempo de encontrar entendimientos y no de acentuar diferencias. Las luchas de clases demostraron su invalidez. Una economía mixta de mercado sigue siendo el vehículo idóneo de una organización política democrática, que descansa en la libertad y trae esperanza. Ahí, solo caben actores, públicos y privados, responsables. Que rindan cuentas y cumplan sus obligaciones.
Ahí, nadie está por encima. Nadie impone. Se concilia, aunque aquello sea difícil.