Walter Spurrier

Con decisión

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2 de September de 2014 00:00

Hace tres meses estábamos pesimistas sobre un acuerdo con la Unión Europea. El tiempo se acababa, agosto es muerto en Europa. Aún con un acuerdo entre negociadores, los plazos no eran auspiciosos y peor lograr que se mantengan las preferencias durante el prolongado lapso hasta la vigencia de un acuerdo, no antes del tercer trimestre de 2016.

Concluimos que “El Presidente de la República deberá ampliarse a fondo y personalmente para impedir la debacle exportadora a finales de año” (mayo 20).

Pues el Presidente hizo lo necesario. Decidió sobre las concesiones mutuas que se harían entre Europa y Ecuador, y en la llamada ronda política, se llegó a un acuerdo.

Cabe precisar sobre la denominación de este y otros acuerdos comerciales similares. Se sostiene que los acuerdos con UE son esencialmente lo mismo que los de libre comercio con EE.UU. Lo cual es cierto. Pero los TLC con EE.UU. se llaman así porque en Washington, libre comercio tiene connotaciones positivas. Los TLC no son realmente TLC. Son acuerdos negociados punto por punto en que se intercambian concesiones, se mantienen productos fuera del acuerdo, para otros se señalan contingentes de importación. Para ser libre comercio, debería haber desgravación automática de todos los ítems arancelarios, lo cual no es el caso.

Del acuerdo con Europa, solo tenemos escueta información; habrá que esperar que se revele el texto acordado para opinar con propiedad. Entre los puntos que habría aceptado Ecuador es no proseguir con la minimización de los derechos de propiedad intelectual. Tanto es así, que las sanciones penales a la violación a la propiedad intelectual, que se eliminaron con el Código Penal que entró en vigencia en agosto 10, se reintroducirán con el proyecto de reformas que envió el ejecutivo a la Asamblea en agosto. También se acordó levantar las restricciones paraarancelarias a las importaciones provenientes de la UE.

Por su parte, la UE habría abandonado su pretensión que hasta el 2020 el banano entre a Europa en inferioridad de condiciones que el colombiano y centroamericano, lo que hubiera significado perder nuestra posición dominante en el principal mercado. Además, una vez vigente el acuerdo, todas las demás exportaciones actuales, y adicionalmente rubros que no exportamos hoy, entrarían liberados de aranceles. Habría también el compromiso europeo de buscar el mecanismo para que las preferencias que expiran con el presente año se mantengan bajo algún mecanismo hasta que el acuerdo entre en vigencia. El principal obstáculo a que el acuerdo llegue a feliz término es la labor de zapa por parte de algunos funcionarios del régimen y asambleístas de AP. El enemigo del acuerdo está adentro.

Postdata: Nadie conocía en el país más de acuerdos comerciales que Manuel Chiriboga. Paz en su tumba.