Walter Spurrier

La economía se contrae

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Los estimados del comportamiento de la economía en el primer trimestre confirman lo que ya se sentía en las calles: la economía está estancada. La producción de enero-marzo, anualizada, es menor en 2,0% a la del trimestre anterior. La misma medida para enero-marzo de los tres años anteriores arroja una producción promedio mayor en 3,1%: entre más 3 y menos 2 hay un saldo en contra de 5.

La previsión de alcanzar un crecimiento de 1,9% en el presente año, ligeramente sobre el crecimiento poblacional, se presenta cada vez más distante.

Muy mal momento escoge el gobierno para anunciar dos proyectos. El uno informa a las empresas familiares, el espinazo de la producción nacional, que con el próximo fallecimiento de un socio el Estado entrará a heredar parte de las acciones, y su participación crecerá con cada nuevo fallecimiento de accionistas. Con ello, se paraliza la inversión privada. Menos movimiento económico, menos empleo, menos compra a proveedores, menos requerimiento de servicios profesionales.

El mismo proyecto dice a quienes han acumulado un patrimonio sin ser dueños de empresas, que el Estado será su gran heredero. El otro proyecto le cierra las puertas a la acumulación patrimonial a quienes aspiraban lograrlo en base a trabajo incesante, invirtiendo sus excedentes en bienes raíces. Golpe al sector inmobiliario.

El objetivo es alcanzar un menor nivel de desigualdad quitando a los que más tienen patrimonio e impidiendo que los que no lo tienen, lo obtengan. Igualdad hacia abajo.

La combinación de ambos efectos será menor inversión justo cuando se necesita la iniciativa privada para generar ingresos que alimenten al gigantesco Estado que representa casi la mitad de la economía.

Esta anunciada confiscación del patrimonio de los que tienen, y de la esperanza de los que no tienen pero aspiran tenerlo, es la chispa que prendió la gran explosión callejera en todo el país. En el contexto de convulsión y un deteriorado entorno internacional, las perspectivas del país se deterioran.

Durante la bonanza, el gobierno nacional, a diferencia de otros afines en la región, como el de Venezuela, invirtió en infraestructura, y puso en marcha la valiosísima iniciativa de inducir una mejoría cualitativa en la educación. Pero sus políticas fueron poco amigables para la inversión industrial y agrícola. La inversión privada se volcó al sector inmobiliario: muchos centros comerciales, pocas fábricas.

Bajo las actuales políticas, no hay futuro. La declinación de la producción petrolera y el fin de la era de precios altos para el petróleo tornan inviable el crecimiento económico vía gasto público. Con su declaración ideológica, que acumular patrimonio es ilegítimo, se frena la inversión privada.Estemos a la espera de las propuestas para 2017.