Miguel Rivadeneira

El drama por la inseguridad vial

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10 de March de 2014 00:01

Los accidentes de tránsito con muertos y heridos, que suceden diariamente incluido el último feriado de Carnaval, corroboran la situación de inseguridad vial que se vive, de manera especial por la irresponsabilidad de los conductores de transporte público y particulares y a veces de los peatones, pero también la falta de una política estatal definida y permanente. Estos hechos corroboraron hace poco en Ecuadoradio los representantes de Justicia Vial, Guillermo Abad; de Covial, Víctor Jiménez; y de Aneta, Gorky Obando.

Espeluzna conocer las estadísticas que presentaran las organizaciones Justicia Vial y Covial basadas en datos no solo de partes policiales sino también por los reclamos registrados en el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT), que a veces no aparecen en las cuentas debido al fallecimiento posterior del informe inicial. Un promedio de 13 muertos y 152 heridos al día, muchos de los cuales quedan discapacitados, no puede ser un buen indicador. Al contrario, refleja una tragedia.

Una de las denuncias que se calificara al más estilo de la partidocracia, otra que resbala, se relaciona con los entendimientos entre autoridades y la dirigencia del transporte, reflejada en la elección de uno de ellos como asambleísta por el movimiento oficial.

Si bien constituyera un avance la aprobación de la nueva Ley de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial, vigente desde el 2008 y las reformas del 2011, de nada sirve si no se aplica en su totalidad. Existen varias disposiciones y plazos incumplidos. Rige el viejo principio de que se acata pero no se cumple. El 87 por ciento de los siniestros es culposo y se atribuye a la impericia de los conductores.

Se reclama la adopción de políticas definidas frente a una realidad que juega con la vida de los propios conductores, peatones y el resto de las personas, lo que constituye una irresponsabilidad. Uno de los hechos que más preocupa es la aprobación y entrega de 30 000 licencias cada seis meses, sin las debidas garantías profesionales, lo que antes fuera materia de críticas y hasta procesos judiciales. No funciona el consejo consultivo ni se evalúa con rigurosidad los conocimientos del conductor. Los buenos ejemplos vienen de afuera. Colombia ha establecido un consejo de seguridad vial.

Como en toda actividad de la vida humana, la educación es fundamental. Sin embargo, esta es otra de las deudas pendientes al no mantener la educación vial en todos los niveles de enseñanza y en forma permanente. Su ausencia facilita la falta de concienciación y de preparación en un campo que pone en riesgo a los ciudadanos, en medio de la mirada contemplativa oficial, por acción u omisión. Más aún cuando se revela que la mayoría de accidentes grandes ocurre con vehículos de transporte público y existe impunidad. La aplicación de la ley no puede ser negociada y tiene que servir para todos los involucrados, sin consideraciones especiales.