Pablo Ortiz García

Don’t cry for me…

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25 de May de 2012 00:19

Con frases cortantes y directas, un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores (Foreing Office) de Inglaterra sentenció: “No habrá negociación con Argentina sobre las Malvinas”. A tan drástica decisión, agregó: “La soberanía de las islas no es una cuestión bilateral, ya que depende del derecho de autodeterminación de sus habitantes que son los que tienen la última palabra sobre su futuro”. Las Malvinas fueron ocupadas por los británicos en 1833. Al decir de Ezequiel Pereyra Zorraquín, “las Islas del Atlántico Sur fueron tomadas con la espada, no con el derecho”. Conozco que desde siempre han sido reclamadas por los argentinos. Su posición es buscar una negociación bilateral, cosa hasta ahora muy difícil de alcanzar.

¿Es posible la autodeterminación, cuando la población ha sido impuesta por quien ha tomado a la fuerza un territorio? Definitivamente la respuesta es negativa, ya que siendo gente llevada del exterior para que habite en una isla, como es el caso, esta se debe a quien los transportó. Actualmente la población ronda los 2 000 ingleses, y cuenta con, aproximadamente, 1 700 soldados de Gran Bretaña que resguardan las Malvinas. Si se quiere, es el “territorio civil más militarizado del mundo”.

Si no es factible aplicar la autodeterminación de los pueblos en este caso, ¿qué principio se aplica? La respuesta la da el Derecho Internacional Público: el de la integridad territorial, por el cual debe considerarse el interés de sus habitantes. En 1965 las Naciones Unidas aprobó la Resolución 2065, según la cual se discutirá la soberanía, la integridad territorial y el interés de los pobladores de Malvinas exclusivamente entre Inglaterra y Argentina, no con los habitantes de esas islas. Lastimosamente esto no se ha dado, ni se avizora en un cercano futuro.

La política exterior de un Estado debe ser constante y única en el tiempo. Por ello es increíble que Inglaterra, en el caso específico de las Islas Malvinas, argumente el principio de la autodeterminación de los pueblos, cuando en 1966 ese Reino expulsó a 1 800 ciudadanos británicos de la Isla Diego García, el mismo número de personas de las Malvinas, para alquilarla a los Estados Unidos. En ese caso, los habitantes no fueron consultados, ni se tomó en consideración sus intereses o deseos.

Ante esta política errática de parte de Inglaterra, no le queda más a Argentina que recurrir a todo foro multinacional para exponer su caso, e insistir en sus argumentos. Ningún territorio conquistado por la fuerza puede ser incorporado al de la nación que lo arrancha. Argentina no requiere de “padrinos” (algunos con mala fama), para que intercedan en su caso. Sabrá hacer valer sus derechos, sin necesidad de entrometidos…, sin alusiones personales.