22 de July de 2010 00:00

Diplomacia difícil

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Alfredo Negrete

Acostumbrados a una centenaria disputa jurídica y territorial con el Perú, los nuevos tiempos internacionales nos encuentran poco dúctiles y hábiles -en término de defensa y prevención- para el eterno desafío de un Estado soberano en el mundo de las relaciones internacionales. Mucho más si, salvo el episodio del derrocamiento de Carlos Julio Arosemena Monroy, fuimos uno de los pocos países en América Latina que salimos física y moralmente indemnes de la Guerra Fría. Por eso, lo de Colombia que se inició con el Plan del mismo nombre hace más de 10 años y la reciente controversia jurídica entre Chile y Perú, nos ubica en un escenario en que se requiere experiencia, habilidad y civismo nacionalista.

Angostura nos marcó en la contienda colombiana y hoy, además, nos desenvolvemos en un entorno de ‘empates técnicos ‘entre gobiernos populistas de izquierda y liberales convencidos de que de la integración es un mito histórico y que el bilateralismo es una puerta inmediata, fructífera y sin costos políticos internos. Por eso, los exabruptos como elegir presidente de un organismo continental a un político activo y candidato presidencial no importan, mientras se pueda lograr una equilibrada relación con las grandes potencias o uniones continentales como la europea.

En el campo positivo vale anotar que la presencia institucional y política de altas autoridades del Estado ecuatoriano ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos ratifica políticamente -en derecho nunca han existido dudas- a esa instancia y el respeto del Ecuador a los DD.HH. entre los que se inscribe, luego del derecho a la vida, la libertad de expresión. Es decir, nos parecemos y coincidimos mucho con el gobierno de Hugo Chávez, pero sí existen algunas importantes diferencias.

El Ecuador es un país pequeño, luego de las mutilaciones de que ha sido objeto en la indolente historia continental, pero en la actualidad puede ser de gran incidencia geopolítica en el contexto regional y el andino.

Por eso hay que recordar permanentemente nuestra vocación bolivariana. Fuimos el primer Estado que reconoció al libertador y el héroe de Pichincha, José Antonio de Sucre se nacionalizó como ecuatoriano; además, sus restos por decisión soberana reposan en la catedral del Voto Nacional, a pesar de las justas demandas venezolanas para incorporarlas al panteón de sus héroes. Este es el Ecuador a poco de la posesión de Juan Manuel Santos como presidente de Colombia; pendientes de opinar sobe el litigio jurídico entre Chile y Perú; a la espera del parto anual de la Atpdea; esperando mejorar de lista en el GAFI y con un difícil entendimiento con la Unión Europea para un acuerdo económico. Esa es nuestra situación. Pequeños, importantes, pero requeridos de la mayor lucidez en la coyuntura para evitar el riesgo de ser “tontos útiles” de cualquier interés externo.

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