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5 de September de 2014 00:00

Una de las cualidades por las que sobresalen los seres humanos es la dignidad, pero lo importante es vivirla, saberla demostrar en todo instante. Según el Diccionario de la Lengua Española, dignidad es “gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse”.

¡Cuántos, en los últimos años, la han perdido! Dignidad es actuar de acuerdo con los principios éticos y morales, sin renunciar a valores. En la vida se conocen pocos casos en que gente demuestre su decoro en su actuar. Antes, cuando alguien atacaba la dignidad u honor de otra persona, se le retaba a duelo (delito que estaba previsto en el hoy derogado Código Penal, tipificado como infracción por los múltiples casos presentados, sobre todo en la primera mitad del siglo pasado). El duelo se llevaba a cabo en la madrugada.

En cierta oportunidad, el retado, dirigiéndose al retador antes de iniciarse el duelo, le dijo: “Me doy por muerto”. El incidente concluyó ante el asombro de los padrinos de los contrincantes.
La dignidad para mucha gente se ha devaluado. Se la deja a un lado, dependiendo lo que está en el otro platillo de pesaje de la balanza. Por ello, cuando alguien demuestra dignidad, es un ser para admirar: su hombría de bien, está por encima de la posibilidad de claudicar principios.

De ahí mi respeto a la declaración que leí hace unos días respecto a que unos policías, sentenciados a varios años de prisión (hoy llamada “pena privativa de la libertad”), han resuelto no aceptar la posibilidad de un indulto en su favor, ofrecido por el Presidente de la República siempre y cuando los ex- uniformados pidan, previamente, perdón. Aceptar, según su abogado, sería reconocer un delito por ellos no cometido.
Indulto es la “gracia por la cual se remite total o parcialmente o se conmuta una pena”. Según la Ley Orgánica de la Función Legislativa, “consiste en el perdón, rebaja o conmutación de la sanción impuesta por sentencia penal ejecutoriada” (97).

La Constitución otorga la posibilidad de conceder indultos a la Asamblea Nacional y al Presidente (120.13 y 147.18).
Haciendo abstracción del tema legal, rechazar un indulto, con el costo humano que ello significa, no hace más que demostrar que todavía quedan seres dispuestos a sacrificar su comodidad, libertad, familia, por defender principios.

Por luchar por la dignidad, cualidad que debe ser innata en las personas. Cuando se presenta un hecho como el ocurrido con expolicías, genera admiración, respeto. No conozco si hubo o no causas para sentenciarlos. Sin embargo, llama la atención la actitud valiente, digna de los exuniformados, que han renunciado a las ventajas de una vida tranquila, porque para ellos es preferible caminar en el interior de una celda, que transitar, sin dignidad, por las calles.