Opinión
Jorge G. León Trujillo

Qué difícil es ser democrático

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15 de July de 2013 00:02

Los ecuatorianos pueden ser cómplices de los egipcios, al ser expertos en golpes de Estado gracias a la protesta callejera y pretender que esta es la máxima expresión democrática. Pero el impulso participativo de un momento no hace sistema, aquel, como buscan las democracias, que debe ayudar a convivir y buscar bienestar sin sacar el machete ni la imposición de unos.

Es difícil ser democr áticos, fácilmente se pierde el indispensable sentido de largo plazo con que se construye sociedad y política. El pluralismo no es fácil de vivir, ni todos aprecian convivir con los que piensan y actúan diferentemente de uno, la libertad de los otros puede ser molesta; y es más complicado seguir principios de democracia como la igualdad con todos, el respeto de la ley, el rechazo a la concentración del poder y al mundo de los privilegios. Además, no hay democracia perfecta ni hay una superior a otra, tampoco es un sistema adquirido para siempre, tiene altos y bajos.

Las democracias oscilan entre un polo hacia la igualdad, como la distribución del poder y la riqueza, y otro polo inverso de concentración del poder. Es una polarización constante, nunca resuelta. Hay en cambio sociedades que crean mayores y mejores medios para contrarrestar los ímpetus de concentración del poder o de colusión de intereses entre riqueza y política gracias a sólidas instituciones y gente con el sentido de razón para asumir al conjunto, ética pública y capear las dificultades. Las democracias tienen sentido gracias a estas instituciones y mentalidades; sembrarlas y alimentarlas es necesidad.

Los ecuatorianos podrían fácilmente comprender a los egipcios que han puesto a la calle un Gobierno que perdía legitimidad. Pero era un Gobierno legítimo y la excepción en Egipto, al haber sido electo por la mayoría. Luego de tantos militares y gobiernos civiles que se eternizaron en el poder se esperaba que siembre democracia. El nuevo Gobierno empero, no pensó en instituciones sino en usar el poder para sus convicciones religiosas, de los Hermanos Musulmanes, sin captar su sentido histórico, de una sociedad que espera más modernidad y democracia. Disminuía prácticas democráticas para que la sociedad se rija por principios religiosos de otra época y que el Corán defina la vida política, un orden clerical.

Esto es inadmisible para Ecuador que lleva más de un siglo de laicismo estatal. Sin embargo, el conservadurismo está de moda en todas partes, las actitudes religiosas ganan espacio en la política con los que dicen tener la verdad. Esta reconforta a los nuevos creyentes de orden y sanciones, lo cual muestra una búsqueda de certezas y simplificaciones -de dogmatismo- cuando es la exigencia y lo complejo que la realidad exige.

Los egipcios nos envían como espejo nuestras propias contradicciones al pretender ser democráticos impidiendo que se siembre democracia.