Diego Cevallos Rojas

Adiós a Hoy 

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La democracia y las libertades pierden con el cierre del diario Hoy. En sus años mozos, con un grupo de comunicadores entusiastas, avezados y profesionales, puso contra la pared al autoritarismo de los años 80. Su tempranero diseño a color y mucha imagen, atrajo lectores y plumas destacadas. Su desaparición deja un sabor amargo.

Hoy sucumbe en una época de tormenta para los periódicos no solo de Ecuador, sino del mundo entero. A las restricciones al trabajo de los comunicadores y el acorralamiento de la libertad de prensa, como sucede en nuestro país y en otros como Argentina y Venezuela, se suman los vientos de la revolución tecnológica de Internet y el surgimiento de diversas plataformas digitales, la baja en la publicidad oficial y privada y la escasa velocidad de adaptación de los mismos medios a las nuevas realidades.

El último informe de la Asociación Mundial de Periódicos, indica que la publicidad en los medios impresos -con grandes contrastes entre países y continentes- cayó 13 por ciento promedio en los últimos cinco años. En ese mismo período y pese a tal retroceso, la circulación de los periódicos aumentó en África, Asia, América Latina y Oriente Medio, pero bajó dramáticamente en América del Norte, Europa y Oceanía.

Lo que se limita con el cierre de Hoy son las opciones para los lectores, un canal de la democracia y una mirada de la realidad. El trabajo de un periódico profesional y desligado del poder oficial, es un abono a la democracia. Por eso, todos los gobiernos autoritarios, de cualquier signo, siempre han sido y serán refractarios a su existencia.

De Hoy quedan escritas páginas imborrables. Coberturas de alta calidad realizadas por sus periodistas en diversas partes del mundo. Investigaciones que pusieron en aprietos a diversos políticos, crónicas animadas de temas profundos y también livianos. Columnas de todo el espectro con aportes inteligentes. Fraguó periodistas, muchos de los cuales pasaron a trabajar con gran éxito en otros medios.

Hoy no sobrevivió a la tormenta perfecta que enfrentan los periódicos. Problemas de gestión y más de un empujón desde el poder se sumaron para poner fin a su historia.

Hacer periodismo cuesta dinero, producir información independiente lo mismo y más cuando el acoso desde el poder es creciente. Por eso, todos los diarios en el mundo se esfuerzan hoy por redefinir sus modelos de negocio, afianzar su independencia y enfrentar con creatividad las diversas plataformas digitales y los nuevos formatos.

El reto actual no es solo salvar los periódicos, sino salvar al periodismo profesional, tan necesario para la democracia. En cambio, el oficialista, tanto el que se reconoce como tal como el que se esconde detrás de una fachada, no se preocupa demasiado por ahora, pues tiene un importante padrino. Si desapareciese mañana, pocos lo extrañarían.

Columnista invitado