Carlos Rojas

Diálogo y crisis

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¿Es posible poner cifras al resultado del diálogo planteado por el Gobierno? Sí, como también es factible concluir, desde los números, que esta etapa atropellada que se abrió luego de las protestas ciudadanas de junio ha resultado altamente positiva.

El Gobierno está acostumbrado a mostrar siempre una gestión exitosa y desde esa premisa comunicacional todo lo que este haga debe ser motivo de aplauso y admiración colectivos. No en vano, la revolución ciudadana enterró el pasado y, con este, el fracaso permanente de su gestión política.

La inmediatez no suele ser buena consejera a la hora de medir los procesos políticos. La propaganda, en cambio, cobra fuerza si se la arma desde los golpes de efecto típicos de los publicistas, así se distorsione la realidad. (A propósito, hay dos cuñas que circulan en la radio: la primera, en la que se ‘demuestra’ al jubilado que la decisión de no hacer obligatorio el 40% del aporte del Estado al fondo de pensiones no ha afectado el pago de esos haberes, como si no se hubiera dicho hasta el cansancio que el perjuicio es actuarial. La otra cuña es del SRI, donde se insiste en que todas las medidas económicas que se han adoptado este año son exitosas y que -palabras literales- la gente debería informarse mejor antes de hablar). Sin espacios libres de ruido, como estos, ¿de qué autocrítica o apertura democrática se puede hablar?

Por lo tanto, antes de ponderar un diálogo fructífero cabe primero preguntarse ¿por qué el ‘fracasado’ paro indígena se extendió más de una semana y derivó en reprochables actos de violencia? o ¿cómo evaluar la predisposición de dialogar, si quien formula la invitación descalifica al oponente?

El Ecuador en el que la revolución ciudadana se volvió todopoderosa no es el mismo de hoy. El país tiene a las puertas enormes desafíos que no solo medirán la fortaleza de sus instituciones, sino la estatura de todos sus líderes. La economía y la naturaleza pueden ser implacables, por lo tanto, es el momento de la ponderación, la transparencia y la buena fe. Solo así se construirán días mejores.