Milagros Aguirre

De wanganas y charapas

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Hace unos días la policía de Orellana detuvo a cuatro personas, kichwa y waorani porque encontró, en su poder, huevos de charapa (tortuga) recolectados en las playas del Shiripuno.

Misael Cerda, Martín Baihua, Olga López, Orlando Shiguango y Omene Baihua, enfrentan un absurdo proceso judicial por delito contra la flora y fauna silvestre. Están acusados de querer vender 3.344 huevos a 25 centavos cada uno (886 dólares). Ellos dicen que no eran para la venta sino para el convite comunitario y una fiesta de boda. Ahora enfrentan un proceso de hasta tres años de prisión.

En la cárcel de Lago Agrio, dos indígenas kichwa del Napo -Javier Solarte y Joel Vásquez Alomía- llevan más de un año presos por haber cazado wanganas (cerdo de monte). Sus esposas acudieron al mismísimo Presidente pidiendo el indulto. Ellas, mujeres solas y madres de familia de cuatro y seis hijos, acuden a él y dicen: “nuestros esposos fueron condenados a dos y tres años por haber matado 10 wanganas. Cuando hacían la cacería pasaban unos turistas que grabaron las imágenes y las pusieron en el youtube. Esto causó una gran conmoción y por eso están presos. Las wanganas cruzaron el río llegando hasta en frente de nuestras casas. En nuestra cultura, cuando las wanganas llegan hasta nuestras casas es porque algún yachac les ha llamado para que podamos tener carne abundante, para compartir con los vecinos y hacer fiesta. Es una forma de contribución de la naturaleza con las personas que vivimos en la selva”.

Señores del medio ambiente, en la selva, además de wanganas, charapas, caimanes, boas, mariposas y demás, hay personas… familias que viven de lo que la selva les brinda. Deben cazar, recolectar, pescar, para vivir. E incluso tienen que vender porque hoy necesitan dinero para su subsistencia. Si no quieren cacería, prohiben la venta de coronas de plumas o de carne o de huevos ¿cómo pretenden ustedes que vivan? ¿el Estado va a subsidiarlos? ¿los turistas y los animalistas van a pagarles?
¿Cuántos huevos, nidos y charapas habrán desaparecido con el ir y venir de deslizadores por los ríos amazónicos? ¿Cuántos animalitos han huido y muerto por el paso de las máquinas con las que abrieron la carretera del bloque 31, en el Yasuní? ¿Cuántas charapas morirían cuando se rompió el SOTE? ¿Algún preso por eso?
Ignorando los derechos de los pueblos indígenas las autoridades se han ensañado con ellos: criminalizarlos, encarcelarlos, llevarlos lejos de sus familias, someterlos a un sistema judicial en donde las audiencias se suspenden porque se les canta a los funcionarios, obligarlos a pagar enormes sumas de dinero a abogados para que los defiendan, es decir, castigar a los más débiles.

Pero siguen ciegos frente a los verdaderos delitos ambientales que pasan en sus narices.