Walter Spurrier

No destruyan Solca

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La importancia de una enfermedad varía con el tiempo. Hasta mediados del siglo pasado, en la Sierra rural se sufría del bocio, la Costa era insalubre con la tuberculosis, fiebre amarilla, paludismo, polio. El infarto era común en hombres de mediana edad y el raquitismo, un problema social. Hoy, en lugar de desnutrición cada día son más importantes la obesidad y diabetes. Surgió una nueva enfermedad, el Sida, y se expandió la drogadicción. La mayor interconexión global nos trajo la chikungunya y cada año la última mutación de la influenza en la China.

La población ahora mejor protegida de los virus pasados vive hasta mayor edad. Crecen enfermedades que son más frecuentes en las edades avanzadas. De los ojos: cataratas, glaucoma y mácula; cáncer; enfermedades del cerebro: Parkinson y Alzheimer.

Para enfrentar esas enfermedades, tenemos el IESS, también médicos que atienden en sus consultorios, y hospitales generales. ¡Qué bueno sería tener institutos especializados! Como la clínica Barraquer en Bogotá.

Pero si tenemos, un caso. Para el cáncer, Solca. Institución sin fines de lucro con 66 años de funcionamiento que ha construido un sistema de siete hospitales estratégicamente ubicados, diseñados específicamente para atender esa enfermedad, debidamente equipados, gran número de médicos oncólogos, enfermeras y otros servidores de la salud entrenados para atender pacientes cancerosos. Un cuerpo directivo honorario y gran número de voluntarios sin remuneración.

Solca tiene un programa, módico, para la detección temprana de la enfermedad: una extensa batería de exámenes. Lo tomé hace un par de meses. Me impactó la eficiencia, puntualidad, y minuciosidad del informe.


¿Qué estamos haciendo para que surjan clones de Solca para otras enfermedades? Nada. Lo inaudito es que desde 2008 se ha hostilizado a la institución. Había un impuesto que le daba ingresos específicos. Rafael Correa se lo quitó y desde entonces Solca recibe menos aporte, que no se entrega con puntualidad, lo cual afecta la atención a los pacientes.

Recién se presentó ante la Asamblea Nacional un proyecto de ley que crea un intermediario entre Solca y su supervisor, el Ministerio de Salud. Un Consejo con atribuciones para interferir en el funcionamiento de Solca, instituto privado. El gran aporte de la nueva burocracia será obstaculizar la labor de Solca y consumir parte de los reducidos fondos públicos destinados a combatir este mal.

Presenten una ley para el Sida, el Alzheimer, o cualquiera de las enfermedades que cada día afligen a más ecuatorianos. Pero el cáncer, está muy bien atendido.

Hay un principio de sentido común: no reparar lo que funciona.

Estimados asambleístas: no destruyan a Solca.