Walter Spurrier

Después del derrumbe

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El jueves en Viena se impuso la línea dura dentro de la OPEP, con drásticas consecuencias para nuestro país. Ecuador y Venezuela lideraron la posición de reducir la producción de petróleo para mantener los precios. Se sumaron Libia y otros. Caracas invitó a Viena a las autoridades petroleras rusas para facilitar una concertación.

Nunca tuvieron posibilidad de ganar. Los que quieren reducir la producción de la OPEP pretenden que lo haga Arabia Saudita. Los saudíes y los otros árabes del Golfo Pérsico tienen como objetivo no tanto maximizar los ingresos de corto plazo como prolongar la era petrolera que, como señalamos en el artículo de la semana pasada, está amenazada por el desarrollo del petróleo de esquistos.

Riad impuso su tesis. No solo no se reduce la producción, sino que en la declaración de la Conferencia se reconoce que el mercado está sobreabastecido y continuará estándolo y ni siquiera se hace el saludo a la bandera de prometer dejar de sobreproducir.

El resultado buscado fue un colapso del precio del petróleo, y lo consiguieron. Al cierre del viernes, la mezcla de crudo ecuatoriano se habría cotizado en alrededor de USD 57 por barril, USD 23 menos de lo presupuestado.

Con este precio, Arabia Saudita busca que se detenga por no ser rentable la ampliación de la extracción de petróleo de esquistos a zonas aún vírgenes, y que se detenga el desarrollo de las operaciones marginales con altos costos. Todo lo cual requiere que, por un tiempo prudencial, el petróleo se mantenga bajo.

El impacto de largo alcance para el Ecuador es que desaparece cualquier vestigio de atractivo para la inversión petrolera de exploración, ya de suyo escaso dadas las durísimas condiciones económicas para las contratistas. El petróleo del suroriente se quedará bajo tierra.

En lo inmediato, hay que afrontar las consecuencias de no haber querido ahorrar parte de los ingresos petroleros, bajo el argumento que todo ahorro es “financiar a Miami”. El Estado, que hasta junio percibía ingresos provenientes de vender petróleo a USD 99, ahora deberá contentarse con USD 57 (si es que se mantienen los precios), un ajuste draconiano.

Los árabes sí guardaron parte de sus ingresos extraordinarios, y por ello es que pueden echar abajo al precio.

El Gobierno puede incrementar la presión tributaria o reducir subsidios y mejorar la situación fiscal, pero eso no resuelve el problema de la balanza comercial. Necesita más deuda externa, que es patear el problema para adelante.

La alternativa es bajar el presupuesto de inversiones, lo que siempre argumenta el Gobierno como opción que se guarda en caso de caída de ingresos. Pero luego de ocho años de gasto sin límites, ¿tendrá el Gobierno la disciplina de cortar gastos y frustrar las expectativas de sus seguidores?