Manuel Terán

Después de la consulta

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Uno de los reiterados argumentos esgrimidos por la nueva administración, cuando se realizan observaciones a muchas de las decisiones de este nuevo período verdeflex, es que las elecciones las ganó Alianza País y que la gente optó por el programa que esa organización presentó al electorado. Recordemos que la diferencia fue mínima y lo que quedó en evidencia fue una sociedad fragmentada, en ese momento casi partida por la mitad. El discurso cambió, la agresividad disminuyó, los ex funcionarios del régimen anterior ubicados en puestos clave para cuidar la retirada, poco o nada pudieron hacer ante el volumen de las evidencias principalmente llegadas del exterior que desenmascararon una trama corrupta que se encargó de saquear fondos de la Nación. Aquello, a no dudarlo, cambió el humor político de los ciudadanos. Como las investigaciones lo reflejan, si la consulta se realizaría el día de hoy, el apoyo rondaría por el 70% de la preferencia de los electores. El rechazo se ubica en ese 30% que refleja el porcentaje de defensores a ultranza del viejo régimen que casi fue una constante durante la década anterior. Si las proyecciones no se contradicen con el conteo final que realizará el organismo electoral cabe hacerse la pregunta ¿de dónde vendrá el apoyo a la propuesta del régimen?

Si finalmente el sí se impone en los términos comentados habrá que concluir que el respaldo que habría obtenido el régimen provendría en menor cantidad de los que votaron a su favor para que el actual mandatario alcance la Presidencia. El triunfo lo conseguiría con el apoyo de todos aquellos que en su momento se pronunciaron en contra del modelo sustentado por esa prédica caduca, la misma que como ya han podido comprobarlo en estos últimos meses es insostenible en el tiempo y amenaza con colocarnos al borde del colapso.

Sin duda los resultados que se esperan en la consulta están aupados por el rechazo que la población expresa a la forma en que se maltrató al país. No será un voto de confianza a las políticas repetidas que funcionarios que participaron en el anterior gobierno han reeditado en esta administración. Por lo menos el pronunciamiento de ese importante número de electores que no optó por el continuismo y que ahora será soporte fundamental para que el sí resulte ganador, será para poner un alto a los desmandes de esa época de abusos y se corrijan los errores del pasado, como aspiraban a hacerlo eligiendo al contendor del que ahora dirige los destinos de la Nación.

No, no será un triunfo de las tesis que a su momento defendieron unánimemente los que ahora se endilgan epítetos como el de traidor. De producirse el apoyo a la consulta resultará el triunfo de los que reclamaron por construir un verdadero Estado de Derecho, de una administración prudente que no vea en las arcas fiscales la manera de aprovecharse para obtener efímeros réditos políticos. Habrá que estar pendiente de los resultados finales y que se haga una lectura apropiada de los mismos.

mteran@elcomercio.org