Federico Chiriboga

¿Democracia sin partidos?

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Los partidos políticos son los mayores intermediarios entre la estructura social y el gobierno. Su actividad no se reduce a períodos electorales, no es esporádica sino constante.

Son los principales instrumentos del sistema democrático, a punto tal que puede afirmarse que no hay democracia sin por lo menos dos partidos que compitan por el poder.

El partido aglutina distintos intereses, lo que le diferencia del partido único que no admite intereses contrapuestos.

Los partidos sueles organizarse en torno a una ideología o a un programa que propone soluciones a problemas determinados.
Si bien no son democráticos, hay partidos personales que giran en torno a una figura carismática que ejerce influencia moral y legitimadora.

Pero a más de las organizaciones políticas, la democracia requiere la virtud cívica de los ciudadanos, dispuestos a defender y mantener los valores democráticos, entre ellos respetar al otro y al pensamiento ajeno.

La democracia no es solo una forma de organización política y una modalidad de gobierno, sino además una cultura de vida que se basa en el reconocimiento de la dignidad humana, en el compromiso con la libertad y con el derecho de todos los ciudadanos a participar en las decisiones gubernamentales a través de sus representantes.

La democracia ecuatoriana lleva años sin funcionar adecuadamente debido a la ausencia de partidos políticos.
La mayoría de los partidos nacieron o se convirtieron en personales, guiados por un demagogo, que ganaba adhesiones y despertaba entusiasmos no por sus ideas sino por su poder carismático.

Correa heredó un país sin partidos políticos y los sustituyó por un populismo estatista, que nos ha impuesto la verdad única, que generó la dialéctica amigo/enemigo.

En todo este período hemos carecido de élites capaces de promover uno más partidos políticos doctrinarios, con fuerza para llevar una oposición en base de programas diferenciados.

Alianza País debe estar agradecida con la oposición que le ha puesto una alfombra roja para seguir en Carondelet.

Tampoco puede negarse que a la sociedad le ha faltado el compromiso con los principios de la democracia, lo que lleva a pensar que en su cultura no cuentan los valores de los que se nutre la democracia y que originan una organización política con división de poderes, administración de justicia independiente, sistema de controles y contrapesos dentro de un marco de libertad.

El resultado de esta hibernación política está a la vista y todo lleva a pensar que estamos destinados a vivir el populismo hasta que se restablezca una democracia institucionalizada y operativa.

fchiriboga@elcomercio.org