Susana Cordero de Espinosa

Demente y fanfarrón

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scordero@elcomercio.org

El señor Trump, sin quererlo, se definió a sí mismo con envidiable acierto, cuando calificó de demente y fanfarrón al director del FBI, James Comey. El mundo entero tiene incesantes muestras de la demente fanfarronería del presidente norteamericano. Nos consuela contar hoy en el Ecuador con un presidente alejado de estosdefectos mayores, que muestra hasta hoy que ni la locura ni la jactancia nos gobernarán. ¡Si así llueve..!

Sus promesas de lucha contra la corrupción, de apertura al diálogo; su estilo personal parece una respuesta al sabio consejo que, entre otros, da Don Quijote a Sancho, gobernador: “Quien gobierne, acompañará a los riesgos de su cargo una blanda suavidad guiada por la prudencia”. Gobernar es afrontar innumerables riesgos; el primero que usted ha de evitar a toda costa, con prudencia y autoridad, es el de ser siervo de otros. Como presidente presida a todos sin ser vasallo ni subalterno de nada ni de nadie, ni siquiera del pueblo, es decir de nosotros. Debe servirnos con sentido de patria, sentido común y sentido de su propia dignidad, e independizarse de los que, creyéndolo débil, quieran obligarle a hacer y deshacer…

Sin duda, ya experimenta las presiones de cuantos se saben culpables de corrupción y quieren protegerse, escondidos bajo las alas del poder; no permita que este horror se destape con tanta lentitud, que autorice la huida de capayas, pólits y cía… Usted no debe, no puede arroparlos. Manténgase, señor presidente, libre en la búsqueda de la verdad. No aliene su libertad a la malicia ni al espurio interés de los demás. Le ayudará la voluntad de los mejores sueños del pueblo ecuatoriano, esos sueños por todos y de todos. Active la independencia de las funciones del Estado, busque la justicia, a pesar, si es necesario, de mayorías sin forma que querrán trabar de mil modos cualquier acción que ponga en riesgo su precaria seguridad.

Todo el Ecuador, presidente, el de los más pobres que tanto nos duelen; el de los que podemos vivir con decencia, aunque, felizmente, sin exceso alguno; el de los que tienen más porque lo lograron con su trabajo, y el de los ricos que llegaron a serlo gracias a su emprendimiento, y contribuyen a la creación de trabajo y riqueza en la patria. Este Ecuador espera de usted mucho más de lo que nunca imaginó. Aproveche el consejo de los mejores y sea, primero, usted mismo, dialogante, abierto: no deseoso de ser servido, sino de servir. Comprenda a los que lo apoyan y a los que lo critican: sus juicios le ayudarán. Que los límites de su poder no radiquen en los dictados de otros, sino en lo que el Ecuador requiere; no acepte que le pongan muros y no se deje acobardar por el sabor de las dificultades, pues aprendió a vivir con la sabiduría del humorinteligente que, al ejercerse sobre la realidad, sobre los demás y sobre usted mismo, pone un bálsamo de alegría en la piel de las penas, en la de los graves desafíos cotidianos. ¡Así, la fanfarronería demente nada podrá contra su prudente sencillez!