Susana Cordero de Espinosa

Definiciones y mucho más

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Apocalíptico significa “terrorífico o espantoso, generalmente por amenazar o implicar exterminio o devastación”. Populismo es ‘tendencia política que pretende atraerse a las clases populares’; el diccionario advierte que suele tener sentido despectivo. ‘Cínico’, el ‘desvergonzado en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables´.

La apocalíptica campaña de Trump, resultaría en un devastador gobierno. En sus apariciones se experimenta cómo el populismo satisface los instintos más bajos de la gente menos crítica, con menor educación; de la que, por su situación económica o social, atiende a promesas que no podrán ser satisfechas por su estúpida torpeza, o que, de cumplirse, dejarán resultados oprobiosos.

Ya lo dijo Obama: Trump por sus salidas de tono, no puede considerarse solo populista, sino xenofóbico y cínico. Corrijo un detalle de esta expresión del presidente que recordaremos con respeto y cariño: la xenofobia es una forma, y no la menor, de populismo: odiar al extranjero, hacer de su expulsión o su aislamiento una causa por la que tomar partido y a favor de la cual votar es una inmensa desgracia. Un partido o un candidato populista es una desdicha que se cierne en el país en el que gobernará o gobierna, ¡cómo lo hemos probado en carne propia, a lo largo de nuestra historia ‘independiente’!
Gran Bretaña, ámbito de civilización secular, cayó en el populismo al aprobar el Brexit, en una lamentableconsulta a la que la masa respondió sí: porque populismo y masa son, por desgracia, términos correlacionados: expulsar a los emigrantes, torturar a los acusados, odiar al diferente: instituir estas ‘virtudes’ como bandera de campaña y de un posible gobierno, si no es una patraña, será una inmensa desgracia, so color de ventura para la masa.

El cinismo es la virtud del populista. El populismo es cínico: lo son sus suavidades iniciales, sus groserías y desbarros contra el oponente; sus salidas de tono y falaces pretensiones de arreglarlo todo. Atrae a los votantes con sonrisas, eufemismos, socarronerías, bonos, insultos, cambios de opinión, alianzas y ostentación de poder. ¡Ojo con las ultraderechas austriacas, con Marine Le Pen, con el trágico desatino chavista en Venezuela, el kirchnerismo en Argentina; ojo con nosotros mismos!

España es digna de imitación en su denuncia de la corrupción y los corruptos, en la investigación, persecución y juicio a que se los somete. La justicia es lenta, pero funciona independientemente de toda influencia. Y –léalo en letras grandes y claras-, España es admirable en su democrático y vigoroso rechazo al populismo.

El triunfalismo populista de Podemos se creyó dueño de la realidad: ofreció a trochemoche presidencias y vicepresidencias, para toparse con la verdad de un pueblo que, aun en dificultades evidentes, no se hizo eco de promesas falaces, y castigó sus cambios, sus imprecisiones, sus mentiras. ¡Gracias sean dadas!...

scordero@elcomercio.org