Walter Spurrier

Los cupos, al tacho

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El 1° de octubre se abrirán los cupos para importar de vehículos del cuarto trimestre, por USD 90 millones. No deberían hacerlo. En su lugar, que anuncien la liberación de estas importaciones. ¿Qué se ahonda el déficit comercial? Hay superávit. ¿Qué las escasas divisas deben reservarse para bienes esenciales, y no un bien para la comodidad de la clase media y alta? Vivimos una recesión. Los ingresos de las familias están deprimidos. Los vehículos importados están grabados con IVA, un elevadísimo ICE, un asimismo altísimo arancel, y encima la salvaguardia. Hay amplia oferta de vehículos nacionales, cuyo cupo de importación de CKDs no está agotado. No habrá tal repunte de importaciones.

¿Para que sirve, entonces, el sistema de cupos? Para que haya menor competencia, mayor opacidad, mayor discrecionalidad burocrática, mayores costos para las empresas importadoras, costos que se pasan a los compradores. Para irritar a la Unión Europea.

Hace dos meses, el Ministro León defendió el actual sistema de asignar cupos, diciendo que es mejor que el de 2015, que era por empresa, con lo cual se cerraba el ingreso de nuevos participantes. Eso molestaba a los europeos, reconoce. Ahora es “primer llegado, primer servido”, que es mejor, sostiene, y satisface a la Unión Europea. No creemos que sea mejor, sino menos malo. Dudamos que satisfaga a la Unión Europea. Sigue siendo un irritante que entorpece el proceso de firma y ratificación del acuerdo comercial.

Cuando se abrieron los cupos para el tercer trimestre, se agotaron en 17 horas. Algunas empresas, entre ellas importadoras de vehículos europeos, no alcanzaron cupos y se quedaron sin existencias todo el trimestre. Peor aún, no pudieron desaduanizar vehículos que ya habían llegado, con el consiguiente costo de bodegaje. El día que puedan venderse, el precio deberá incluir el sobrecosto burocrático.

Es de esperar que cuando se abran los cupos del cuarto trimestre, los importadores, ante la incertidumbre causada por el permanente cambio de regulaciones, siempre en el sentido de complicar más y crear más burocracia, decidan pedir cupos por el máximo que estiman pudiesen necesitar. Es lo lógico. Los cupos se agotarán ni bien se oferten.

Pongamos un ejemplo hipotético de lo cotidiano. A ud. estimado lector, se le está acabando la pasta dental. El día que va al súper, alcanza para tomar un tubo, cuando se percata que la percha está casi vacía. ¿Estarán las autoridades restringiendo estas importaciones? Precavido, no compra una, sino tres.

Lo mismo, el importador de vehículos. Bajo el sistema de cupos, los importadores requieren mayor inventario que si tuviesen la libertad de importar cada vez que fuese necesario.
¿Lo sensato? Los cupos, al tacho. Ya. Y un guiño a Bruselas.