Marco Arauz

Cruzarse a la muerte cruzada

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En apenas tres semanas, el Ecuador tomará una decisión política trascendental. Por una suma de circunstancias, fruto de la historia política y económica de las últimas décadas, el 2 de abril decidiremos entre dos modelos antagónicos. Un candidato ofrece la continuación, con reformas, de un proyecto político iniciado hace 10 años; el otro se presenta como su ruptura.

Cuando Rafael Correa -genio y figura, hasta la sepultura- volvió a ponerse en el centro de la política del país del futuro y amenazó con la convocatoria a una muerte cruzada desde la Asamblea y con regresar, puso sobre el tapete algo de lo que ya se venía discutiendo, aunque no con tanto detalle: ¿cómo será el escenario político-institucional de mayo en adelante?

Todos sabemos que el meollo está en el enfoque sobre la economía y los aspectos sociales, pero el cambio operado en diez años en la estructura estatal es tan profundo que incluso el candidato del oficialismo, si quiere mejorar la relación con los actores sociales y políticos, así como garantizar derechos y transparencia, deberá hacer reformas. El caso del candidato de Creo-Suma es distinto.

La pregunta no es si Guillermo Lasso -si llega a la Presidencia- intentará hacer reformas profundas en el plano político-institucional, sino cuándo y cómo, y qué nivel de resistencia hallará en el sistema que quiere cambiar. El compromiso que le está permitiendo ampliar su base electoral se sustenta en las libertades y, en esa medida, querrá romper varios dogales institucionales.

Hay quienes le han sugerido aplicar desde el inicio la muerte cruzada, lo cual significaría asumir un gran riesgo pero, a la vez, la posibilidad de cambiar la correlación de fuerzas en la Asamblea. Otros, más cautos pero también radicales, piensan en la Constituyente, con una consulta convocada tempranamente en función del art. 444 de la Constitución.

Lasso cree que primero hay que ir a una consulta popular con base en el artículo 104 de la Constitución: el Presidente puede elaborar las preguntas sobre temas que estime convenientes y pedir al Consejo Electoral que la convoque. Pero la resistencia del actual sistema institucional puede ser lo suficientemente férrea para impedirlo, precisamente porque implicaría echarlo abajo.

Terminar con la reelección indefinida, cesar a los titulares de los organismos de control y cambiar su régimen de elección, terminar con el llamado Quinto Poder, son asuntos de cirugía mayor pero necesaria en el esquema de Lasso, sin entrar a hablar de las reformas económicas que se propone. Él y quienes van alineándose a su alrededor están creando una dinámica creciente en esa dirección.

El 2 de abril será decisivo. Ganará quien interprete mejor el país que quieren los votantes, pues el líder no es otro que aquel que está en el sitio y el momento indicados, tal como hace 11 años lo estuvo Correa.