Benjamín Rosales

De crisis a debacle

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Lo que comenzó hace más de seis meses como una ligera crisis por la baja del elevado precio del petróleo, que Ecuador gozó sin que el Gobierno sea previsivo, ahora amenaza convertirse en una verdadera debacle económica nacional. Esto debió haberse manejado con el recorte de gastos, austeridad fiscal y promoción a inversiones nacionales y extranjeras, para generar más exportación y empleo que compensen la pérdida de ingresos estatales y divisas.

El Gobierno ha hecho una tímida reducción de gastos -aunque parecería que hay más propaganda que antes- y en vez de cortar excesos, ha procurado subsanar el déficit creando exageradas sobretasas arancelarias, cortando sus aportes al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), disminuyendo el reparto de utilidades a empleados, aumentando impuestos a límites confiscatorios, y más grave aún, produciendo incertidumbre y malestar por continuas declaraciones con un absurdo discurso contra las empresas familiares. Algo insólito en Ecuador, en donde -al igual que en España o Alemania-, los emprendimientos familiares generan la mayoría de las plazas de trabajo.

El resultado de estas políticas económicas restrictivas e impositivas, la negativa expectativa sobre nuevas medidas que afecten el desarrollo empresarial y familiar, y la situación política creada por el deseo presidencial de cambiar la Constitución en asuntos tan gravescomo la reelección indefinida sin una consulta popular, está afectando al desarrollo económico del país mucho más que la baja del precio del petróleo. Y está paralizando inversiones, ahuyentando capitales y disminuyendo la generación de empleos necesarios para una justa distribución de riqueza.

Si a esto se suma la desafortunada perspectiva de que se inicie otro fenómeno El Niño, lo que traería graves consecuencias a la producción de banano, camarón, cacao y otros productos exportables, como sucedió en los años 82-83 y 97-98 del siglo pasado; y que pudieran haber caminos destruidos, hogares desplazados y vidas perdidas por ese probable evento climático y por otros potenciales desastres naturales, mejor nos ponemos a trabajar para aminorar lo que puede convertirse en una catástrofe económica como la que los ecuatorianos sufrimos hace 15 años.

Espero que Rafael Correa relea los mensajes papales sobre la familia, el diálogo sin exclusión, ideologías que no dejan pensar al pueblo, ¡y reflexione! Que con algo de humildad establezca un diálogo directo y franco con los principales actores políticos para recuperar confianza ciudadana y se realicen gestiones que impidan una debacle.

El Presidente debe comenzar cortando los insultos sabatinos, archivando los repudiados proyectos, y aceptando ir a consulta popular si insiste en la triste y antidemocrática idea de propiciar reelecciones indefinidas.

Columnista invitado