Sebastián Mantilla

La crisis griega

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La situación de Grecia es extremadamente delicada. Tras el anuncio del gobierno griego de no pagar los 1 600 millones de euros de deuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), así como la decisión del primer ministro Alexis Tsipras de retirarse de la mesa de negociaciones la semana pasada y anunciar, como alternativa, la realización de un referéndum sobre este tema para el próximo 5 de julio, el país europeo se ha puesto al borde del abismo.

En una acción de último momento, el Primer Ministro griego pidió ayer al Eurogrupo un tercer rescate, como una medida que le permita ganar tiempo mientras se llega a un acuerdo. Sin embargo, esta propuesta no fue aceptada.

Esto es por demás lógico. ¿De qué serviría seguir apoyando a Grecia si en el referéndum del próximo domingo se decide no aceptar las condiciones propuestas por el Eurogrupo? Aunque la idea de retirarse de las negociaciones y de recurrir a un referéndum, que eventualmente se pronuncie por un “no”, fue asumida por Tsipras como un espaldarazo para seguir negociando, el problema radica en que esto se hizo en el momento menos indicado.

No es que Europa haya dejado de ayudar. Al contrario, creo que lo ha hecho con suma generosidad. Pese a que Grecia entró a la zona euro en el 2004 falseando su contabilidad, el manejo de su economía se ha hecho de manera irresponsable. Por ello, la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo aprobaron un primer plan de ayuda por 110 000 millones en el 2010 y un segundo plan de ayuda por 109 000 millones en el 2011.

Nadie quiere que Grecia salga de la zona euro, ya que ello tendría implicaciones funestas para todos. No obstante, aprovechándose de este interés común, el primer ministro Tsipras ha estirado la cuerda más allá de los límites razonables.

En una especie de juego temerario e irresponsable, Tsipras se ha encargado de precipitar las cosas hacia un escenario aún más delicado: o hacen lo que les pido o nos vamos todos al desfiladero.

Grecia, en lo que resta de este año, tiene que desembolsar por concepto de créditos cerca de 12,33 mil millones. Ante esta situación adversa con el Eurogrupo y de incumplimiento con el FMI, la situación de este país se pone por demás explosiva. No habrá cómo cubrir estas obligaciones. Incluso el Banco Central Europeo no podrá seguir manteniendo a flote a los bancos griegos.

Lo único que posiblemente le salve a Grecia sea votar mayoritariamente en favor del “sí” en el referéndum del próximo domingo, aunque esto necesariamente podría llevar a la dimisión de Tsipras y a la formación de un nuevo gobierno de unidad.

En un territorio cansado de guerras y genocidios, Tsipras no ha comprendido los principios básicos que mueven a la Unión Europea. Uno de esos es el consenso, obtenido a través de pequeños pasos y solidaridades prácticas pero, sobre todo, responsables.