25 de July de 2010 00:00

Crisis anunciada

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El Nacional, Venezuela, GDA/ Enfoque Internacional

Anteayer se dio el debate propuesto por Colombia ante el Consejo Permanente de la OEA. Quizás nadie se sorprendió de lo que oyó, ni de las pruebas y testimonios que presentó el embajador Hoyos, tal como lo había prometido el gobierno del presidente Álvaro Uribe. Los observadores enterados conocían de antemano lo que iba a ocurrir en la reunión. También el Gobierno de Venezuela lo sabía, y tanto lo sabía que, conjuntamente con Ecuador, trató de posponer la discusión.

El Canciller ecuatoriano presionó a su embajador en la OEA, Francisco Proaño, presidente del Consejo Permanente, para que lograra la posposición. Pero pretender semejante recurso ante un organismo internacional no fue sino una gran demostración de ignorancia. Proaño renunció para no hacer el ridículo.

Al conocer las rotundas y bien fundamentadas denuncias sobre los comandantes de la narcoguerrilla radicados aquí, del funcionamiento de campamentos clandestinos y de la presencia de 1 500 guerrilleros en territorio venezolano que se movilizan para atacar a ciudadanos y objetivos colombianos, al presidente Chávez no le quedó otra alternativa que romper las relaciones diplomáticas con Colombia.

Las evidencias presentadas por Bogotá no dejaban lugar a dudas, y la respuesta venezolana fue terriblemente endeble e improvisada, como si el Gobierno no supiera lo que iba a venir.

Quizás Chávez se refugió en la creencia de que Colombia, en las últimas semanas del gobierno de Uribe, dejaría el asunto en suspenso. Mal cálculo.

El cese de relaciones fue un error y una confesión de debilidad, como si la diplomacia venezolana no tuviera argumentos y, al no tener qué responder, la alternativa más cómoda fuera la ruptura.

Pero las relaciones no se rompen en momentos de crisis porque entonces ¿quiénes dialogan o negocian? No puede pensar el presidente Chávez que algo tan grave quede archivado en la OEA. Debe entender que prestar el territorio para que otro Estado sea atacado tiene graves implicaciones internacionales.

No se trata de algo banal, aun cuando el Gobierno jamás tomó en serio las advertencias reiteradas de Colombia y de los medios de los dos países. Chávez nunca negó de manera enfática la presencia de narcoguerrilleros en Venezuela, y nunca se definió frente a las FARC. Al contrario, abundaron razones para pensar en una doble política bolivariana. Un país en donde, con el beneplácito oficial, se erigen estatuas a Marulanda, algo anormal cobija.

Rotas las relaciones diplomáticas, habiendo apelado a un recurso inconveniente y efectista, la crisis pasará forzosamente a terceras manos regionales como Brasil o Argentina, o al organismo multilateral, es decir Unasur.

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