21 de January de 2011 00:00

Criminalidad y empleo

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Abelardo Pachano

‘Aunque las estadísticas oficiales sobre crimen a menudo no son confiables, no hay duda de que las tasas de criminalidad varían mucho entre diferentes países. Lo que más interesa es que los países pobres y aquellos que crecen más lentamente sufren mayor criminalidad. Hay varias razones para ello, pero sí creo que la criminalidad contribuye a la pobreza y a un lento desarrollo”.

Esta cita de Gary Becker, profesor y premio Nobel de Economía, es una buena descripción del círculo perverso que se produce en las sociedades que no logran articular políticas que dobleguen las inequidades. Precisamente hoy el país enfrenta una escalada de violencia convertida en el enemigo público número uno de la sociedad. El Gobierno ha sido rebasado. Sus políticas fracasaron. Las instituciones públicas no encuentran un sistema de solución y ahora se pretende resolver el problema con una cuestionada consulta popular.

Si las cosas estarían como lo dicen algunos indicadores que reivindica el Gobierno, esta criminalidad no debería estar, a pesar del sinnúmero de decisiones políticas que han promovido este ambiente amenazante, en los umbrales a los que llegó. Ese es el caso del indicador de desempleo, cuyo resultado último del 6.1% demostraría la existencia de una bonanza económica del país en razón de su proximidad al pleno empleo, pues una tasa de desocupación entre el 4.5 y el 5% ya es considerada friccional, responde a la movilidad propia del mercado del trabajo y no a una subutilización de mano de obra disponible.

Lamentablemente, la realidad no es esa. La encuesta tiene limitaciones de cálculo que inducen a error . El cálculo de la Población Económicamente Activa (PEA) llega a ser inexplicable para los propios elaboradores de este indicador. Las evidencias son contundentes: la población nacional aumenta en 200 000 personas cada año, sin embargo la PEA, no solo que no crece sino que en tres años y medio declinó en 235 000 personas. ¿Quién explica esto? ¿Migraron? o ¿ya no buscan trabajo porque se cansaron de hacerlo? Lo cierto es que muchas personas no existen en este cálculo.

Si la población urbana es, por decir el 60% de la total, en ese lapso la PEA urbana debía aumentar en un poco más de 400 000 personas, más las 235 000 que caen en la encuesta, se tiene como resultado que el cálculo de los desempleados omite a 635 000 compatriotas, cuyo destino es desconocido, pero con una probabilidad muy alta de no tener trabajo.

Para tener una visión comparada y ver si el fenómeno es compartido, veamos los datos de países cercanos. En ese mismo lapso la PEA en Colombia pasó de 19 400 000 a 22 100 000 personas. En Perú de 4 000 000 a 4 700 000 personas y en Chile de 6 900 000 a 7 400 000. Mientras en Ecuador cayó de 4 575 000 a 4 340 000 ecuatorianos. ¿Los datos y la realidad no calzan, verdad?

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