Miguel Rivadeneira

Por qué atacan a los medios

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No es raro encontrarse con ladrones que predican contra el robo para que los demás no les hagan competencia, decía ese gran pensador español Miguel de Unamuno. Uno de los males que subsiste es la galopante corrupción que involucra a actores públicos y privados, corroe a las sociedades e instituciones democráticas en cualquier modelo político.

Por ello, unos gobiernos acogen el trabajo de los medios de comunicación porque ayuda a combatir este mal, pero otros regímenes totalitarios, en cambio, los persiguen para que todo permanezca oculto.

Los casos proliferan en la región, pero con distintas respuestas. En Venezuela, Chile, Perú, Brasil, Argentina. En Guatemala, la Vicepresidenta abandonó el cargo, la justicia le investiga por graves presunciones de responsabilidad y le inmovilizó sus cuentas.

Mientras afecta la crisis económica, crece la inflación en medio de mayor endeudamiento y del enorme gasto público, desafían a la población con discursos que van desde el combate a la corrupción, a pesar de la ineficacia de los entes de control, hasta el anuncio de acabar con las empresas familiares y el aumento del impuesto a las herencias y la plusvalía, que ha generado el rechazo mayoritario.

Daría la impresión que la corrupción no existe; que no hubo la compra de helicópteros Dhruv, los radares chinos, los chalecos de la ANT, los USD 800 000 para Duzac que le prestó Cofiec sin garantías, el título falsificado del primo Pedro Delgado, las acusaciones fiscales por contratos del Ministerio del Deporte en la era del ‘comecheques’ (hace ocho años), una asambleísta de AP con acusación oficial de pedir dinero, como si fuera tema aislado en una administración que controla todo, etc.

Sin resultados, fracasó el Consejo de Participación Ciudadana cuyo primer mandato constitucional (art. 208) es la lucha contra la corrupción y la transparencia.

Hay una especie de manual para corruptos que recomienda que tomen precauciones para no dejar pistas de sus acciones en las que acumulan enormes recursos, libres de impuestos.

Utilice asesores para inflar precios, pedir coimas y lavar la plata con la familia; engañe al jefe o comparta con él para que lo defienda; trate de silenciar y deslegitimar las investigaciones de los medios con la acusación de corruptos; no guarde en su oficina documentos confidenciales; no reciba cheques a su nombre o de familiares; los pagos deben ser en efectivo y no ingrese a su cuenta bancaria; disponga de una caja fuerte camuflada y pida que le depositen en el exterior; no acepte regalos en su despacho.

Genere un ambiente laboral que aparente honestidad. Disimule y permanezca en estado de vida normal. No compre autos nuevos ni vista prendas de marca. Tiempo habrá en el futuro de mejorar su estatus aunque sea divulgando que ha tenido éxito en otros trabajos, que se sacó la lotería o que ganó juicios e indemnizaciones, pero guarde bastante para defenderse después en su fiscalización.