Pedro Maldonado

La corrupción, una lacra sin fin

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Parece que nadie se indigna y que los ecuatorianos nos acostumbramos a los escándalos de corrupción, cada vez más frecuentes. La corrupción se convirtió en una enfermedad que infecta a toda la sociedad, ante la indiferencia, la resignación y la complicidad.

Es un asunto que lleva décadas, pero que se acentúa con el tiempo. Ahora se trata de los supuestos sobornos de Odebrecht, la firma que está envuelta en el mayor escándalo de corrupción de Brasil y que extendió sus ‘métodos’ por América Latina.

Los primeros datos –publicados por el Departamento de Justicia de EE.UU.- hablan de que la firma brasileña habría entregado sobornos por 33,5 millones de dólares a funcionarios del gobierno ecuatoriano en el período 2007-2016.

Nuevos detalles se conocerán con los días. Pero lo más doloroso de estas revelaciones es confirmar que la corrupción avanza ante la pasividad de autoridades y ciudadanía. Los involucrados no solo serían funcionarios de distintos niveles y jerarquías, también estarían implicadas empresas privadas que trabajaron con Odebrecht.

En los años 80 las denuncias de costosos regalos, sobornos, viajes y favores para obtener contratos sí causaban indignación. Hoy el tema ha escalado a niveles insospechados y Ecuador es visto como un país con altos índices de corrupción, según el índice de percepción de la corrupción elaborado por de Transparencia Internacional.

El país está en los mismos niveles de naciones como Bielorrusia, Costa de Marfil, Malawi, Mauritania, entre otros. En el índice del 2015, publicado por Transparencia Internacional, Ecuador aparecía en el puesto 107 de un listado de 167 países. El menos corrupto ese año fue Dinamarca y el más, Somalia.

Esto no es un asunto que se resuelve con una declaración oficial. Se trata de que cada ecuatoriano tome conciencia del terrible daño que se hace cuando corrompemos y somos corrompidos. Todos tenemos mucho que hacer. Es eso o la bomba atómica.