Marcelo Ortiz

La confrontación electoral

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Es inevitable analizar el proceso político que vive el Ecuador, sin tomar en cuenta diez años de ejercicio del poder absoluto correísta. Por eso, el candidato presidencial que presentó dicho sector alcanzó un porcentaje que casi cubrió el 40% de la votación para ganar el poder, y así anular la posibilidad de una segunda vuelta; hecho demostrativo, de que las alturas del poder influyen todavía con fuerza suficiente para detener el apoyo a la oposición a ese continuismo gestado en la bonanza económica. Felizmente, esta es la realidad que ha abierto el camino de la convocatoria para definir un triunfador.
Ese será el sendero electoral que debe transitar nuestro pueblo hasta el próximo domingo 2 de abril, día en que se conocerá si habrá un corte radical con otra fuerza política que actualmente ya se ha ganado un segundo lugar para sustituir el continuismo.
Frente a este reto necesario, se intensificará la propaganda del candidato gobiernista, porque se habrá advertido el creciente apoyo de la oposición para cerrar este ciclo, y abrir un horizonte que alcance los votos suficientes para derrotarlo.

Esta puerta que está abriendo nuestro pueblo es necesaria, para que los cuatro años próximos sean de alternancia en el poder presidencial, con lo cual se demostrará que ese es el camino para fortalecer las bases democráticas que en esta época, en forma lamentable, han sido debilitadas como instituciones de sustento necesario, en el cual el pluripartidismo sea quien ocupe sus espacios, y así termine la actual tendencia peligrosa de que una sola fuerza política se perpetúe en el poder cambiando de personaje presidencial; pero a la vez, asegurando que el vicepresidente sea quien actualmente está ejerciendo esas funciones con suficiente experiencia. ¿Actuará la intuición popular para despejar la todavía incógnita electoral?

Lamentablemente, desde el actual poder correísta, siguen presentándose ofertas en una categoría de “baratijas políticas” como aquella de triplicar los cincuenta dólares del bono solidario o de la pobreza, que talvez ya llegó al nivel de la saturación que tiene todo mensaje populista, y no alcanza el nivel del convencimiento al momento mismo de entregar el voto en las urnas; a la vez que puede conducir a apoyar la candidatura contraria, o al voto nulo.

Al tiempo que falta para concurrir nuevamente a las urnas, esperamos que se eleve el nivel del mensaje político de las dos candidaturas, y que sean sus portavoces los mismos candidatos en forma directa. Quizá sean esas voces las que ocupen no solamente la prensa escrita de todo el país, sino las pantallas televisivas para entregar sus propuestas en forma clara y con planes de gobierno viables. Paralelamente podrían abrirse espacios que auspicien un debate público final.