Alejandro Mlynski

Comunidad judía celebra Januca

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19 de December de 2011 00:03

A partir del Martes 20 de diciembre y a lo largo de ocho noches en cada hogar judío se verá encendido un candelabro muy particular que recuerda uno de los episodios más difíciles de la historia del pueblo de Israel.

Esta festividad llamada Jànuca recuerda la antigua conquista griega sobre Israel con la intención de sojuzgar espiritualmente al pueblo judío. Los griegos prohibieron cualquier práctica religiosa intentando de esta manera doblegar a los habitantes quienes organizados por la familia sacerdotal de los jasmoneos emprendieron la resistencia. Frente a una lucha desigual donde las fuerzas judías disminuidas en número y en experiencia militar debieron combatir contra experimentadas tropas griegas, el resultado final fue la liberación de la tierra prometida. Terminada la batalla los jasmoneos debieron reorganizar el funcionamiento del templo sagrado que había sido profanado por los griegos.

La purificación del templo llevó varios contratiempos donde el mayor fue la imposibilidad inmediata de encender un candelabro que por mandamiento bíblico debía estar siempre encendido con aceite. Los jasmoneos no encontraron aceite puro para reiniciar el ritual del candelabro salvo una sola vasija que duraría un día.

El milagro por el cual festejamos esta festividad es que el aceite duró ocho días en lugar de uno solo. Así pudo el gran templo reiniciar sus actividades significando la palabra Januca “reinauguración” ya que los jasmoneos reinauguraron los servicios religiosos en el santuario.

El símbolo de toda la fiesta es la “janukìa” o candelabro de nueve velas donde ocho recuerdan los ocho días de la festividad y la novena vela llamada en hebreo “shamash”, luminaria utilitaria que sirve para encender las otras ocho.

Jànuca encierra un milagro adicional al de la vasija de aceite y que quizás hasta sea el más importante de todos. La ayuda y la presencia de Dios en nuestra vida. Sin un camino espiritual marcado por Dios, los jasmoneos no hubieran podido vencer a un duro enemigo como los griegos. Sin una fe férrea ningún objetivo hubiera podido alcanzarse. Ese es uno de los mensajes de la festividad independientemente de la religión que profesemos. En la medida en que dejemos entrar a Dios en nuestro trazado de la vida tendremos un aliado incondicional, una compañía espiritual y una guía.

Las luminarias recuerdan que el milagro no sólo lo hace Dios para con nosotros sino que debemos nosotros compartir el milagro con Él abriéndole la puerta de nuestras vidas y de cada decisión importante que tomemos en ella. Las grandes batallas de nuestra vida sólo se libran cuando una luminaria puede ser encendida y compartida por Dios y por el hombre.

Columnista invitado