Pablo Ortiz García

Inseguridad, ¡superada!

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En estos días en que parece que el tiempo corre más rápido que en meses anteriores, me he dado cuenta que la prensa, en ciertos temas como la seguridad ciudadana, no se expresa con la precisión que debería. ¿Por qué? He tenido que trasladarme por las vías que conducen a Tababela, y me encuentro que están llenas de policías disfrazados de paisanos, y de paisanos disfrazados de policías, durante la movilización de funcionarios hacia el aeropuerto. Transitan muchos vehículos de seguridad del Estado, llevando a autoridades gubernamentales desde o hacia la capital. Es decir, usted está absolutamente seguro, ya que hay más guardaespaldas que chorros en el camino. No hay asaltos, pero sí mal uso de los bienes del Estado.

Hay seguridad en los centro comerciales pelucones. Si usted los visita con afán de adquirir alguna “tonterita” para regalar en Navidad, se sentirá sobreprotegido si tiene la suerte de que algún funcionario de los poderes Ejecutivo o Legislativo, se encuentra, en ese mismo lugar, buscando uno o varios regalos para intercambiarse entre los dueños del país. Obviamente que esta gente va bien acompañada por agentes encubiertos, que caminan alrededor del burócrata “sin que nadie se dé cuenta”, que son uniformados vestidos de guardaespaldas. Mientras estos jerarcas están gastando el dinero que muy duramente les costó ganar, su seguridad está garantizada. ¡Inseguridad, en lo absoluto!

Vaya usted a tomar un “cafecito” en algún sitio del Ecuador. Su tranquilidad está asegurada si encuentra que a ese lugar ha ido un alto funcionario del Estado. Tal vez no hallará parqueadero para estacionar su vehículo (ya que todos los lugares estarán ocupados por autos oficiales), pero verá mesas libres y agentes de seguridad, que usted no se da cuenta que lo son, observando degustar a su jefe algo más que un “tintico”. Usted, entonces, podrá comer con total despreocupación y protegido por muchos policías elegantemente vestidos. Hasta la digestión podrá hacerla bien. Ecuador un lugar seguro para alimentarse… siempre que no sea donde venden comida chatarra, allá no van altos funcionarios por prohibición del que sabemos.

Camine usted por las calles de cualquier ciudad de Ecuador detrás de un importante empleado público. Ningún malandrín se le acercará. Y si usted decide pasar al burócrata, comete dos errores: el primero, se queda en la inseguridad de las avenidas y calles; y, el segundo, los amables agentes de seguridad, le impedirán se acerque mucho al jefe. Usted es tan peligroso para esos guardias, como son quienes se inmolan en ciertos países de Oriente Medio, para matar por cuestiones religiosas o políticas.

Así que en estos días, intente conocer las agendas de los funcionarios públicos, y vaya usted allí, porque de inseguridad ¡ni hablar!