Vicente Albornoz Guarderas

El desastre social

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En la década entre 2007 y 2016, el gobierno tuvo ingresos extraordinariamente altos. Pero los malgastó de tal manera que el progreso social en esos años fue limitado y, sobre todo, fue menor que en los años anteriores, cuando el precio del petróleo no era tan alto ni lo corazones tan ardientes.

El escaso progreso se lo puede ver en tres indicadores. El primero es la pobreza, que cayó más lentamente durante el gobierno de la Revolución Ciudadana que en los gobiernos anteriores. El segundo es la desnutrición infantil, que no cayó durante la década revolucionaria en contraste con la fuerte reducción durante la década anterior. El tercer indicador es la mortalidad infantil, donde el Ecuador ocupa un lugar cada vez peor dentro de los países de América Latina.

Cada indicador se analiza en uno de los párrafos siguientes, pero todos se han visto en mayor detalle en artículos anteriores. El último párrafo concluye con la certeza y con el dolor de saber que el país desperdició una oportunidad de oro para dar un salto hacia adelante, un salto que, bien diseñado, hubiera beneficiado a los más débiles.

La pobreza, según el INEC, cayó entre 2001 y 2006 en 3,5 puntos anuales. O sea, en promedio, en los seis años anteriores al inicio de la década correista, cada año el 3,5% de ecuatorianos dejaba de ser pobre. Entre 2007 y 2016, la caída anual promedio de la pobreza fue de 1,5 puntos, es decir, a menos de la mitad del ritmo con el que caía antes. Y eso ocurrió porque la economía creció más lento en el segundo período y porque el empleo que se creó desde el 2007 en adelante fue para burócratas (que antes no eran pobres) y no para obreros (que hubieran salido de la pobreza).

La desnutrición infantil crónica que mide el porcentaje de niños menores de 5 años que están desnutridos, según el mismo INEC cayó rápidamente desde 1998 (primera vez en que se hizo un cálculo preciso), hasta 2006, de 35% a 26%. Ambos niveles son muy altos, pero al menos, estábamos mejorando 1,1 punto anual. Lo trágico es que desde 2006 hasta la última medición de 2014, en 8 años, sólo cayó en 2 puntos para ubicarse en un escandaloso 24%. Y eso a pesar de todo el dinero del petróleo y de las deudas y de los discursos de que la patria ya era de todos. Tal vez era de todos, pero mal administrada.

Y también está la mortalidad infantil, con 17,8 infantes muertos por cada 1 000 nacidos vivos, según Unicef, donde el Ecuador ocupa el cuarto peor lugar en América Latina y donde cada vez estamos peor en relación al resto del subcontinente.

Y hoy oh patria, nos invade la tristeza de saberte huérfana, maltratada, con recursos desperdiciados, con un montón de ilusiones robadas y con más pobres, más desnutridos y más niños muertos, dueños sí, de un país quebrado.