Rodrigo Fierro

El hermano mayor

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rfierro@elcomercio.org

Con ese título Pablo Cuvi publicó un artículo de opinión (EL COMERCIO, abril 7, pag.9), a propósito de la charla que mantuvo en Quito con Jorge Volpi, connotado escritor mexicano. Cuvi sostiene “que México es nuestro hermano mayor en lo bueno y en lo malo, todo multiplicado por cien. Desde sus grandes escritores y artistas hasta el narco que nos contamina”. Como los rumores apuntan a certezas, Cuvi debió estar al tanto que uno de los Cárteles mexicanos de la droga ya nos había invadido. País vulnerable el nuestro y más si a la impunidad se ha sumado el desastre económico en el que nos hallamos: una deuda publica tan abrumadora como que para seguir tirando como país el único camino es continuar endeudándonos más y más.

Es en esas circunstancias que se da el secuestro y asesinato de nuestros compañeros. Con todos los agravantes posibles. Hechos brutales. Sí, brutales (brutal viene de bruto). Si es así, me asigno una parte de la verdad en mi afán de interpretarlos. Los narco guerrilleros comandados por alias “El Guacho”, no son más que peones en una diabólica partida de ajedrez. Los cerebros del Cártel mexicano han iniciado apenas sus primeras jugadas. Conmoción nacional. “No imaginamos que la violencia iba a llegarnos” (¡?!), opinión de Mons. Trávez, Arzobispo de Quito. El presidente Moreno, desconcertado, pidiendo a todo el mundo que le ayuden a enfrentar la pesadilla. Sí, desconcertado; las prioridades: pararle a “Guacho” y recuperar los cuerpos de los asesinados. Tropas de Ecuador, Colombia, y Estados Unidos en una gran ofensiva: liquidarle al Guacho y sus centenares de delincuentes. Entre tanto, nuestro desventurado país al punto de dar los pasos que le condujeron a México, a ser considerado un Estado inviable, fallido, sin Dios ni Ley. Calificado así por la Universidad Autónoma de México.

Los Cárteles de la droga han llegado a tal grado de infiltración en todos los estamentos de la sociedad mexicana (con excepciones tan honrosas como el claustro de la UNAM), como que para destruir aquel cáncer sería menester acabar con el país. De ahí lo de inviable. Así y solo así se comprende ese estado de aplanamiento, de conformidad, de acostumbramiento a lo ineluctable de buena parte de los mexicanos. Cuando el papa Francisco visitó México tuvo duras críticas para sus obispos y cardenales. Por la TV se les vio con aire satisfecho, algunos arrogantes, unos muy pocos con la cabeza baja, compungidos. De no creer en un país en donde hasta los narcos tienen sus capillas, sus curas, sus vírgenes y santitas de su devoción. En el hermano mayor son centenares de periodistas los que han caído asesinados por los narcos.

Que el cáncer no nos invada. Que estamos a tiempo de destruirlo con solo el imperio de la Ley y el peso de la Justicia. Es la prioridad insoslayable.