Rodrigo Borja

La clonación

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Hace quince días se cumplieron 22 años de la clonación del primer mamífero. Biólogos escoceses del Instituto Roslin de Edimburgo crearon en laboratorio el 25 de abril del 96 una cordera sin el aporte del semen de un carnero. Ella no nació, como todos los mamíferos, de un embrión formado por la fusión de un óvulo materno y un espermatozoide paterno sino del núcleo de una célula extraída de la ubre de una oveja -que contenía el material genético de ésta- trasplantado a un óvulo de otra. Y la cordera que nació fue genéticamente idéntica a la oveja madre, de cuya glándula mamaria se extrajo la célula somática.

El experimento -que produjo el clon o la “copia” de un mamífero- abrió horizontes inusitados a la economía -para no hablar todavía de la cuestión humana- porque la reproducción por este método se aplicó a la ganadería y los ganaderos pudieron tener reses más sanas y productivas.

A mediados de 1999 en Massachusetts científicos norteamericanos clonaron seis vacas y, con base en este experimento, llegaron a la conclusión de que se podría alargar la existencia de los seres vivos por medio de la clonación.

Los científicos de la oveja Dolly clonaron en Virginia cinco cerdos en marzo del 2000 y un equipo de científicos norteamericanos de Portland creó un mono genéticamente modificado. Y así se clonaron vacas, caballos, perros, elefantes, búfalos y dieciséis especies de animales.

Esos experimentos, que se repitieron en universidades y centros científicos norteamericanos, condujeron al nacimiento de un ternero clonado con material genético tomado de células de una vaca faenada dos días antes, lo cual abrió un nuevo capítulo en la biotecnología, puesto que las clonaciones anteriores fueron de animales vivos.

En 1998 el científico norteamericano Francis Collins declaró: “estamos más cerca que nunca de obtener el manual de instrucciones para construir un ser humano”.

Y, ante la oposición sistemática de iglesias de diferentes cultos, los científicos reafirmaron la posibilidad de clonar seres humanos. Y, de hecho, en el 2002 el genetista italiano Severino Antinori engendró un ser humano por clonación, siguiendo el mismo procedimiento de la oveja Dolly. Lo cual generó una dura disputa filosófica, política, científica y religiosa en torno a la clonación de seres humanos.

Estos y otros experimentos prendieron encendidas controversias en los círculos políticos, científicos y religiosos. La posibilidad real de producir seres humanos a partir de células somáticas injertadas en óvulos conduce hacia una profunda revolución en las concepciones tradicionales sobre la vida humana, la muerte, el alma, el destino, el sexo, la reproducción, la paternidad y el parentesco.