Gonzalo Ruiz

Ya nada será igual...

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En el país, en la calle, en la plaza, en las familias, en las coberturas, en este Diario, en la Sala de Redacción, en las computadoras, atrás de las cámaras, en el volante, en el alma, ... ya nada será igual.

Nada será igual en el tono de los textos que se escribirán de aquí en adelante sobre temas de orden público, narcotráfico, inseguridad, frontera, guerrillas, secuestros.

Por eso, el homenaje a la memoria. El ejemplo como aliento para que nadie se canse aunque se sienta desfallecer.

Por eso el respeto inmenso y prolongado para siempre a las familias de los padres, hijos , hermanos, arrancados en esta primera parte del año marcado por la violencia, las bombas y la muerte. Ya nada será igual...

Para los cuarteles de Policía y de las Fuerzas Armadas, para sus compañeros infantes de marina y patrullas aéreas, terrestres o navales, ya nada será igual...

Para los ciudadanos inocentes y desprevenidos que van por la vida de forma despreocupada tampoco nada será igual. Los soldados, los periodistas, la gente que paseaba en moto en las cercanías de la frontera se confunden con cada uno, con muchos, con todos ;y su ausencia nos deja claro que de aquí en adelante ya nada será igual...

Esos primeros impulsos de sus compañeros de la redacción, que habían contado con respeto pero amplio despliegue el drama de los infantes de marina muertos y heridos de gravedad, se volcaban cada noche a la Plaza Grande. La plaza de las gestas cívicas y los discursos desde el balcón, de las protestas políticas, de los derrocamientos , de la unidad en días de guerra y de la expresión potente por la paz deseada.

Esa plaza de los colores en cada fiesta, símbolo del poder temporal, municipal y eclesial en cuyo corazón se clava y eleva a las alturas el monumento a la independencia que le da el solemne nombre de perenne proyección y mensaje acrónico.

A esa plaza se sumaban cada noche de lluvia y frío el puñado de familiares y amigos, los compañeros de otros medios, los gremios y, en especial y cada vez con mayor afecto, la gente, los lectores, oyentes y televidentes para quienes los medios trabajan cada día para llevar la información.

Por eso la llegada perpleja de los estudiantes de periodismo de muchas facultades, aquellos que pese a las dificultades de los tiempos siguen soñando en abrazar este oficio y se preparan con entrega total es algo que conmueve, así como los académicos y estudiantes de otras áreas y de diverso signo ideológico que llegaban a dar el apoyo solidario y hacer, con el calor humano, más llevadero el frío que soportaban las familias y sus colegas.

Las tardes y noches de los días 11 y 12 fueron vísperas fatales del viernes 13, en que el vacío y la angustia trocaron en llanto. Vino el luto, la soledad desgarradora del sábado, y la oración del domingo en la tarde más triste de hace tiempo en la Catedral con la plaza solitaria donde parecía oírse: ‘Nos faltan 3’. Aquí, nadie se cansa, aunque todos sabemos que ya nada será igual..., jamás.