Roberto Salas

Quién diría

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Quién diría hace 4 años que el petróleo llegaría a niveles de 60 y tantos dólares el barril. Que Brasil volvería a estancarse, que en Venezuela fallecería el presidente Chávez y les tocaría llegar a niveles de escasez de productos de casi 30%.

Que el Ecuador iba a crecer sobre 4%, aunque amenazado por un petróleo más barato, y que Chile ingresaría al club de los crecimientos mediocres, mientras Argentina volvería a enfrentarse al fantasma del default de su deuda.

Que México empezaría a hacer las soñadas reformas, sobre todo en lo energético y comunicaciones, liderados por el PRI; y que Estados Unidos (EE.UU.) iba a volver a ser el motor del crecimiento con un dólar fuerte y nuevas reservas petroleras. Luego del 2009, casi todos hablaban que el gigante del norte había muerto como potencia económica y que el dólar se venía abajo por el súper déficit incurrido para salvar a los bancos de la crisis financiera. Demostrando resilencia (capacidad de recuperación), y buen manejo de políticas económicas, EE.UU. está resurgiendo, aunque su Presidente parece haber perdido el encanto.

Quién diría que China, de 11% de crecimiento iría a 7% o tal vez menos; y que empresas que buscan producción de bajo costo buscarían otras opciones, como México. Que Japón reencontraría su crecimiento con el primer ministro Abe. Que Grecia seguiría viva, igual que el euro como moneda, y España dejaría de caer luego de tantos sacrificios pero con un nuevo Rey. Que Putin volvería con renovados propósitos de recuperar la influencia y poder de Rusia. Que nuevos terroristas bien financiados entrarían en escena con decapitaciones de horror.

Quién diría que la empresa con mayor apertura de capital bursátil del mundo iba a ser una empresa de comercio electrónico china de nombre parecido al amigo del famoso cuento de los 40 ladrones (Alibaba) de Las mil y una noches. O que la surcoreana Samsung superaría a la ingeniosa Apple en ventas de electrónicos inteligentes.

Quién diría que Brasil iba a salir tan humillado del campeonato mundial en su propia tierra. Que las redes sociales iban a ser tan influyentes en la política. Que en la Iglesia Católica renunciaría el Papa, que el sucesor sería argentino, y que su carisma y sencillez serían sus armas para reconquistar a millones de fieles.

Pruebas de un mundo más sorprendente e incierto que nunca. Algunas cosas para bien, otras para mal. Algunas son oportunidades importantes, otras son riesgos imposibles de anticipar su impacto. Por eso, si hay alguna competencia que todos deberíamos desarrollar, es manejar la incertidumbre y lo imprevisible, sentirnos cómodos haciéndolo, saber cómo mitigarlos y ser más resilientes.

¿Quién diría hoy lo que nos sorprendería en el 2018? Cómo saberlo.