Marco Arauz

Buen viaje a China

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Una de las primeras acciones del presidente Rafael Correa en 2015, más importante que la anunciada guerra comunicacional, será reunirse con el Presidente de China. El dólar se fortalece mientras los vecinos devalúan sus monedas; el precio del barril de crudo sigue a la baja, lejos de los casi USD 80 considerados en el Presupuesto del Estado; una nueva colocación de bonos de deuda externa significará condiciones más estrictas para el país.

A falta de otras fuentes de financiamiento en el corto y mediano plazos, al Gobierno le resulta imprescindible reactivar los créditos y las inversiones chinas, lo cual significará priorizar proyectos, luego de un año en que el flujo desde China escaseó. Con seguridad las condiciones de los créditos serán diferentes a las que se pactaron al inicio del Gobierno, consideradas ya de por sí onerosos.

Después de 15 años de dolarización, al país le toca enfrentar el lado malo de no contar con moneda propia para compensar las devaluaciones en Colombia y Perú. También debe enfrentar la caída del precio del crudo después de haberse beneficiado de las exportaciones de materias primas, sin que se haya producido un cambio de matriz productiva. Y eso tiene importantes connotaciones para el Gobierno.

Es difícil pensar que las dificultades de financiamiento puedan paliarse, como señalan algunos funcionarios, si se reducen o se postergan los gastos de inversión. Ese camino sería plausible si se contara con fondos de contingencia o si el presupuesto no estuviese tan presionado por el peso de los subsidios y del clientelismo. Un golpe de timón seguramente resultaría fatal para mantener lo que en la cúpula del poder se considera el modelo a seguir.

Con el Estado como motor de la economía y financista de la obra pública; con una institucionalidad forjada a la medida de las necesidades políticas, con muchos recursos y mucha propaganda; con un esquema clientelar de bonos que nunca se convirtió en un esquema productivo, no es descabellado pensar que una crisis financiera puede lastimar el andamiaje político, construido no bajo un proyecto de país sino de un movimiento.

La institucionalidad no se ha construido a partir del respeto al derecho individual y colectivo sino de la polarización y la exclusión. Los innegables avances en materia social han tenido como trasfondo el revanchismo. La oposición y los propios exsocios políticos del Gobierno han sido desacreditados. Los movimientos sociales han sido arrinconados y disminuidos. La sociedad se ha mantenido en silencio por temor o por comodidad.

El Gobierno necesita mantener el statu quo. Necesita resultados que hagan la diferencia con gobiernos que ya se dedicaron al desarrollismo con los ingresos petroleros hasta que estos se agotaron. Quizás lo que más necesita es abandonar su mesianismo y exclusión, para que el país tenga más posibilidades de sortear lacrisis.