Abelardo Pachano

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apachano@elcomercio.org

Al momento en que me alistaba a escribir (miércoles 18 de abril) la columna quincenal que hoy leen, tuve que cambiar de ideas pues recibí dos noticias ofrecidas por el Presidente de la República a la periodista Andrea Bernal de NTN24, de trascendental importancia política: el gobierno decidió suspender su participación en calidad de garante del proceso de paz entre Colombia y el ELN; y, entregar a las autoridades correspondientes las grabaciones recibidas del periodista Fernando del Rincón de CNN sobre la supuesta financiación de la FARC a la campaña de Correa (Hay que despejar la verdad). Más me tardé en entender lo que ocurría y confirmar su veracidad, que en mirar la reacción en las redes sociales. Era y creo que son dos decisiones acertadas del gobierno, que ciertamente no estaban en el radar político del país. Sobre la primera, los cuestionamientos son de alguna data pero poco atendidos por la comunidad, mientras que sobre lo segundo, con ocasión del infortunado y desgraciado hecho del vil asesinato de los tres periodistas de EL COMERCIO y la cobarde trampa en la que cayeron los cuatro infantes de marina, han vuelto a la luz los intensos debates derivados de la muerte de guerrillero Reyes, dentro de los cuales aparecieron los primeros datos que incriminaban a las FARC en el proceso electoral ecuatoriano.

Siento que el gobierno de alguna forma avanza en la ejecución de una línea rectificatoria de su pesado y desafortunado pasado, que tanto le cuesta y merece tantas críticas sustantivas. No se hasta donde llegue o pueda llegar. Aquello sigue siendo una incógnita. Las recibo como un mensaje de cumplimiento de su promesa de transparencia y posiblemente de un afán de buscar la consistencia entre las declaraciones y las acciones diarias, a las cuales se suman la búsqueda de apoyos internacionales, sin aparente sesgo ideológico, para suplir las evidentes deficiencias de la seguridad nacional constatadas las últimas semanas.

He visto también, con algún grado de grata sorpresa, la madurez con la cual tratan estos temas varios dirigentes políticos, de algunas bancadas, que al dejar de lado las reconocidas y lógicas diferencias han dado paso a una búsqueda de concertación alrededor de un tema de Estado: La Seguridad Nacional. Aquí, como en otras materias, que por el momento volvieron a ser relegadas, la búsqueda de este tipo de acuerdos afianza la democracia, consolida el concepto de Patria, fortalece la identidad nacional. Y, esto en nada desmerece o compromete el papel relevante de ser un opositor de ideas claras y constructivas.

Que pena que estas circunstancias dolorosas sean las que despejen esta variante, pero hay que estar claro que no serán las únicas, sin duda habrá más hasta salir de este atolladero. Ojalá la lección sea aprendida.