Rodrigo Borja

Campos de concentración

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 19
Triste 5
Indiferente 0
Sorprendido 3
Contento 2

Acaban de cumplirse 70 años de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz por las tropas soviéticas después de la Segunda Guerra Mundial. Los campos de concentración fueron recintos cerrados para alojar presos políticos, prisioneros de guerra o perseguidos por razones religiosas, étnicas o culturales.

En la barbarie nazi, bajo el imperio de su policía secreta —la Geheime Staatspolizei (GESTAPO)— y de las bandas de las S.S. que vigilaban implacablemente los más recónditos ámbitos de la vida pública y privada de las personas, los campos de concentración, las cámaras de gas y los hornos crematorios fueron los principales mecanismos políticos y psicológicos para escarmentar y dominar a la población. A ellos fueron llevados a partir de 1941 millones de prisioneros de los países europeos ocupados, donde eran sometidos a trabajos forzados o aniquilados físicamente en las cámaras de gas.

El más execrable genocidio que conoce la historia fue el llamado “holocausto”, cometido por los nazis contra los judíos durante el Tercer Reich. Seis millones de judíos procedentes de Francia, Holanda, Noruega, Italia, Alemania, Checoeslovaquia, Hungría, Polonia, Yugoeslavia, Grecia y España murieron en los numerosos campos de concentración, el principal de los cuales fue el de “Auschwitz”, situado por los nazis en Polonia.

Durante la “revolución cultural”, implantada en China desde 1966 a 1976 por Mao Tse-tung, se instalaron recintos de “reeducación” de hombres y mujeres a quienes se consideraba apartados de la ortodoxia maoísta, que en realidad fueron campos de concentración adonde fueron a parar los “revisionistas burgueses” enquistados en el Partido Comunista y en los mandos políticos del Estado.

También los bolcheviques, después de tomar el poder en Rusia, utilizaron los campos de concentración del gobierno zarista para confinar a los “contrarrevolucionarios” y a los “enemigos de clase” del nuevo régimen. Y en los años 30 y 40, bajo el gobierno de Stalin, los campos de concentración de Siberia recibieron a las víctimas de las purgas estalinistas y a centenares de miles de prisioneros políticos.

Esos años fueron los de las purgas y depuraciones estalinianas contra los altos dirigentes del partido en quienes Stalin veía una amenaza para su liderazgo. Por medio de “procesos judiciales” montados se deshizo de todos ellos.

Unos fueron ejecutados públicamente y otros recluidos en campos de concentración o en hospitales psiquiátricos, donde murieron. Casi toda la generación de los viejos bolcheviques corrió esa suerte.

Los principales campos de concentración soviéticos de la época fueron el de Pecora (con Kotlas y Vorkuta), el de Yagry cerca de Arjanguelsk, el de Karaganda en el Kazajstán, el de Tayshet-Komsomolsk en la región del lago Baikal y el río Amur y el de Dalstroy en la región de Magadan-Kolima.