Óscar Vela Descalzo

Guantánamo, el horror

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Después de la firma del Tratado de París en 1898, suscrito como consecuencia de la derrota de España en la guerra de independencia de los últimos territorios americanos, Estados Unidos ocupó la isla de Cuba (además de Puerto Rico y Filipinas).

El 20 de mayo de 1902 nació oficialmente la República de Cuba y se eligió como su primer presidente a Tomás Estrada Palma. Un año antes, el gobierno de los Estados Unidos había incorporado en la constitución de Cuba, bajo su protectorado, la Enmienda Platt, que entre otros favores concedía a los norteamericanos el derecho de arrendar o comprar tierras en la isla para sus estaciones navales e intervenir en la conservación de la independencia cubana. En 1903, el presidente Estrada firmó el acuerdo por el que los EE.UU. arrendaron a Cuba la Bahía de Guantánamo, a perpetuidad, para establecer allí su base militar.

El atentado en las torres gemelas del 11 de septiembre del 2001 llevó al presidente George W. Bush, en enero del año 2002, a abrir el Campo de Detención de Guantánamo, una cárcel de máxima seguridad que se encuentra al margen de la jurisdicción estadounidense y también de la justicia internacional, y que por esta razón se ha convertido en el lugar perfecto para cometer todo tipo de atropellos y violaciones contra los derechos humanos.

Las denuncias sobre los horrores cometidos en esa prisión han dado la vuelta al mundo, y a pesar de que el presidente Obama ofreció en su campaña electoral el cierre de este campo de concentración contemporáneo, hasta el día de hoy se lo mantiene abierto y en sus calabozos permanecen detenidas aún sesenta personas. De este grupo tan solo siete han sido acusados de algún delito y apenas tres de ellos han sido condenados. Entre el resto de reos hay al menos una veintena que ya fueron autorizados para salir por no habérseles demostrado vínculos con actos o agrupaciones terroristas, pero para abandonar la prisión necesitan de algún país que los acoja. Los demás detenidos no tienen en su contra sino sospechas o presunciones, y nadie hasta hoy los ha acusado o enjuiciado formalmente.

Las torturas y abusos cometidos contra los casi ochocientos reos que han pasado por Guantánamo se divulgaron en todo el mundo hace años. La situación de indefensión y la violación de los derechos de los que aún están presos es pública y notoria, pero ni siquiera la voluntad del presidente Obama ha conseguido cerrar las puertas de uno de los últimos campos de tortura y aislamiento que existen en el planeta.

Por una razón o por otra el Congreso de los Estados Unidos en este último período ha bloqueado el cierre definitivo de la prisión de Guantánamo y ha impedido el traslado de los presos para su liberación o juzgamiento. Si Obama no lo logra, ¿será Clinton la que pase a la historia por cerrar el campo y, quizás también, por devolver su territorio a Cuba? Y si llega al poder el tipo del tupé, ¿cómo se remodelará y hasta dónde se ampliará el infierno?