Milagros Aguirre

Como en botica

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Aver, a ver, ¿quién da más? ¿quién da más? Que millón de empleos, que 220 mil plazas de trabajo, que universidades para cada uno de los pueblos del Ecuador, que hospitales, que carreteras, todo eso, mientras reparten camisetas, espejos y baratijas con las que se gana adeptos y simpatías.
Las ofertas llueven y vienen de todos los sectores: tanto del oficialismo como de la oposición.

Asambleístas que ofrecen empleos y créditos para emprendimientos –ahora que saben que a falta de trabajo asalariado la gente se desespera por idearse su propio negocio cuando su tarea es legislar. Candidatos que bailan y cantan. Tarima, show y circo. Trilladas posturas sobre la minería o la explotación petrolera frente a la que la mayoría de candidatos solo se atreve a responder que si se hace, será con “responsabilidad y con “cuidado al medio ambiente” porque no pueden decir otra cosa. Las palabras inversión, inversión extranjera, desarrollo, emprendimiento, cambio, son las palabras con las que se teje la retórica de la campaña política. Las ofertas se multiplican frente al escepticismo.Mientras tanto, se sigue hipotecando el país con nuevos bonos y préstamos que serán impagables; se siguen aprobando leyes , también como en botica, con dedicatoria de acuerdo a las fobias o a las filias del régimen creando un entramado que parece un nudo imposible y que será difícil, para cualquier gobernante, intentar desatar.

Los escándalos de corrupción se justifican con las palabras transparencia, dichas de forma tajante: “trans-pa-rencia” o culpando a “unos pocos funcionarios”. Unos pocos funcionarios que han estado más de dos décadas enquistados en la empresa petrolera nacional, manejando los contratos más jugosos del país. Serán “pocos” funcionarios, pero se han llevado mucho, mucho, dinero a sus bolsillos y se han dado vida de reyes y gamonales.

Entre la demagogia y las tramas corruptas (Petroecuador, Odebrecht, caso Chevron y alguna otra que salga por ahí), entre las deudas y el baratillo de ofertas, la población, resiliente como es, sobreviviente de feriados bancarios, terremotos y temblores, inundaciones y pérdidas totales, tendrá que salir adelante a pesar de la política, a pesar de los negociados, a pesar de los escándalos, a pesar de las deudas.

Las ofertas de campaña lloverán como en botica. En la tarima se venderán sueños de futuro, espejos, ilusiones. Los ciudadanos veremos a los candidatos besar a niños, abrazar a ancianos, entrar a mercados, suburbios, sitios lejanos a donde, una vez electos, no volverán nunca .Mientras tanto, en el presente, nada avanza, nada de mueve, nadie decide o apuesta por nada:“hay que esperar a ver qué pasa” es la frase más trillada del Ecuador y la que se repite en cada elección, en cada consulta, en cada maniobra política. El país siempre espera a ver qué pasa,como sialguien,con una varitamágica, llegarapara cambiareldestinode sugente.