Enrique Echeverría

¿Corrupción contagiosa?

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Una peligrosa atmósfera invade a la sociedad ecuatoriana en cuanto se refiere a normas de conducta, de temor y respeto a las leyes. El peligro mayor es que algunos jóvenes empiecen a interesarse por el rápido camino del enriquecimiento, a base del delito.

En el último tiempo nos enteramos de desaparecidos. La Dinased, entidad de la Policía encargada de delitos contra la vida, muertes violentas, extorsión, secuestros y desapariciones, informa que el 45% de 1 006 desaparecidos se debe a problemas familiares. Gente joven cree que abandonando el hogar paterno solucionarán su vida. Los problemas sociales son causa de desaparición del 37.3%. En los años 2014 a 2016, fueron resueltos 1 703 casos; y, en el último año, 2 233.

Parte de esta atmósfera es aquello que estamos viendo todos los días: asaltos, robos, estafas, violaciones, asesinatos, al estilo de las peores mafias, como incendiar un vehículo con sus ocupantes adentro; o asesinatos que se parecen a los “ajusticiamientos” en la lucha por las zonas de influencia para el comercio de drogas.

La actividad política no queda excenta. Un día aparece el ciudadano argentino, le facilitan un “préstamo” de USD 800 mil en la Corporación Financiera Nacional y desaparece junto con el dinero. Otro día, un alto funcionario se despide momentáneamente para asistir, en Estados Unidos, al matrimonio de un hijo, pero no retorna más y hay serias sospechas en el desempeño de sus funciones.

Más recientemente, un escándalo de las mayores proporciones en el área de los combustibles, a propósito de la repotenciación de la refinería de Esmeraldas. Y para cerrar la enumeración, escándalos relacionados con depósitos de dinero en paraísos fiscales, atribuidos en principio a determinados funcionarios.

Como la mayor parte de esto, queda en la etapa de “investigación”, algún joven con tendencias al enriquecimiento rápido, puede razonar: ¿para qué estudiar 24 años hasta obtener un doctorado; endeudarse y viajar al exterior para conseguir un masterado; y si quiere un PHD, otros cuatro años? ¡Todo, para obtener un trabajo que no paga más de USD 4 000 mensuales; o, menos –si lo consigue- y debe aceptar lo que hay, so pena de permanecer desocupado y pagando la cuota mensual del préstamo para su estudio.

¿No será más rápido y mejor –pensará- transitar un camino que le lleva al sector político, para hacer fortuna en poco tiempo? ¿Y si, por mala suerte, recibe una sentencia estaría preso pocos años y, luego, tendría lo suficiente para gozar de una vida fastuosa?

Y no es problema actual: Donde se oprime con el dedo, salta el pus, dijo el Contralor General Dr. Ángel F. Rojas hace muchos años. Señores candidatos de todos los colores, sabores y sectores: extremen su atención a este gravísimo problema.