Alfredo Negrete

El plan B

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Es un lugar común muy recurrido cuando la primera opción se truncó o fracasó. No tiene las prolijidades de elaboración que tuvo el calificado de A, pues, paralelo a llevar la carga de la frustración, incluye improvisación y apresuramiento.

Sin embargo, es usual, sobre todo en la economía de un país cuando las variables internas o externas de la programación salen de control. Por eso, en el Ecuador del 2015, desde sus inicios, este plan deberá sustituir al modelo o a las intenciones de los buenos tiempos de siete años atrás, cuando fue expatriado el pasado y el futuro solo fue adjudicado a la revolución.

Sin penetrar en los tecnicismo profesionales de los especialistas, hay líneas generales del posible plan B que pueden ser percibidas: Restricción del gasto público -se anuncia un recorte presupuestarios de 1 700 millones-, reformulación de la política económica para actividades productivas, pero flexibilizando el viejo modelo capitalino de la sustitución de importaciones y apertura contractual principalmente con naciones capitalistas en busca de urgentes inversiones, salvo que se apueste a la ficha china en el tablero mundial.

Por los primeros datos lo más difícil inicialmente será sustituir la restricción de las importaciones que puede producir un aislamiento con la Comunidad Andina, ya que resultaría contradictorio que mientras se aspira a liberar el mercado europeo, se impongan salvaguardas a los países vecinos.

En este capítulo que linda entre lo económico y lo internacional, se deberá sepultar las histerias diplomáticas con Alemania y ser cuidadosos con las relaciones con naciones no occidentales. El Tratado de Libre Comercio -o como se llame en la jerga oficial- debe pasar por un prolijo proceso en el Parlamento europeo para su ratificación.

La nueva estrategia deberá ser secundada por nuevas rutas políticas, tanto internas como externas. En el primero es indispensable abrir puertas para el diálogo político y social. La precaria oposición no es de temer y puede aportar por lo menos para repartir riesgos y razonabilidades. Con un mediano esfuerzo intelectual habrá que comprender que no es la reelección indefinida la que está en riesgo sino toda la institucionalidad del país. Obviamente para este propósito las embajadas deben estar disponibles para un posible éxodo de los radicales del Gobierno que nunca lograron superar las emociones de los cafetines de las décadas antiguas.

En el campo externo, la situación es muy compleja luego de la entrevista Obama-Castro. El refugio ideológico de la Isla está por terminar, a pesar de las escaramuzas a los pocos días de conocerse el acuerdo. Venezuela, con su inflación, recesión e insólito doble cambio, no podrá resistir en corto plazo. Puede estar llegando el momento en que el Régimen ecuatoriano deba reformular su rumbo político para evitar un descalabro serio, ya que las vacas flacas, a pesar de su estado, también comen pasto.