Abelardo Pachano

No va a ser posible

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Entre las varias promesas de campaña, ocupa un sitio preeminente la relativa a la creación de nuevos empleos. Las dos candidaturas finalistas coincidieron en la oferta: producir un millón de nuevos puestos de trabajo, con la pequeña diferencia que la una los ubicó en términos anuales y la otra en su consecución absoluta durante todo el período.

Ninguna especificó de forma precisa o puntual cómo las conseguiría, más allá de señalar que las características de su programa económico lo tendrá como uno de los ejes centrales de su gestión. Las razones de tal compromiso eran obvias: el país atravesaba y, se puede decir que todavía sufre de algo similar, por una contracción que traía consigo el recorte continuo de la demanda laboral.

Pues bien, si vemos un poco de cifras de empleo con el propósito de valorar la posibilidad de cumplimiento de esta meta, podremos tener conciencia de su viabilidad. A fines del año 2003, es decir hace trece años, el Ecuador tenía una población de 13 millones de personas, que se convirtió en 16,7 millones al concluir el 2016.
En esa época la población económicamente activa (PEA) era un poquito más de 6 millones, que en diciembre pasado llegó muy cerca de 7,9 millones. Es decir, en estos 13 años la PEA aumentó en 1.9 millones de potenciales trabajadores.

Bajo este cuadro básico, la economía extendió la ocupación plena, es decir empleos formales con remuneración igual o mayor a la mínima en 1,2 millones (de 2,1 millones a 3,3 millones) , que si los dividimos para todo el período (lo cual de cualquier manera es arbitrario, pero da una idea del potencial de crecimiento de la oferta formal de empleo), equivale a 92 000 nuevos puestos de trabajo por año.

Cierto es que existen años buenos y otros del olvido, pero para un período como el mencionado, durante el cual el país tuvo una bonanza económica como nunca antes en la historia, la cifra ofrece un orden de magnitud bastante distante de la meta comprometida durante la campaña electoral.

Se dirá que una parte se fue al subempleo, al inadecuado o al no remunerado, y eso es cierto; pero aún con estos valores que arrojan otros 1,1 millones de trabajadores incorporados a este mercado precario, que debe suponerse no es el objetivo del gobierno (85 000 anuales), no se llega a la ansiada meta de 250 000 empleos anuales.

Alguien podrá afirmar que existieron años con resultados que se acercan al objetivo y, aquello también es cierto, pero será difícil compararlo con la realidad actual de bajo o nulo crecimiento, en la cual todavía no están claras la reglas de juego de la “nueva” (si existe aquella) política económica.

Lo que sí parece es que tenemos a la vista algo no posible de obtener.